Hotel Abismo: Poesía, fe, misterio, vida

Por Javier Hernández Alpízar

El santo de Asís no le dijo nada. / Le miró con una profunda mirada, / y partió con lágrimas y con desconsuelos, / y habló al Dios eterno con su corazón. / El viento del bosque llevó su oración, / que era: Padre nuestro, que estás en los cielos…”

Rubén Darío, Los motivos del lobo, citado en un comunicado del EZLN.

A los okupantes de la Casa Okupa Chiapas desalojados.

A Magdalena, in memoriam, y a Ivonne, con un fuerte abrazo.

No sabemos cuál será el futuro de las religiones, en cuanto credos o doctrinas, o como instituciones y rituales. Lo que sabemos es que las religiones son opio para los pueblos, es decir, un calmante del dolor, un analgésico, ante la brutalidad de la opresión. “Dios es el concepto mediante el cual dimensionamos nuestro dolor”, cantó John Lennon. Sabemos también que no siempre la fe religiosa es reaccionaria, porque existen, no solo del cristianismo, lecturas de la fe que van más allá de la religión, hasta una ética del bien común, es decir, una práctica política de liberación.

Además, pese a que en la modernidad capitalista “todo lo sólido se disuelve en el aire”, los seres humanos no hemos perdido la noción o intuición de lo sagrado. Y cuando no lo encontramos directamente en el corazón humano, o en la naturaleza, lo encontramos indirectamente en el arte.

Así podemos acercarnos a algo de la fe y el misterio, específicamente de Cristo, el Evangelio, sus teofanías y narraciones, recreados desde el presente y desde nuestro contexto mexicano por el poeta Javier Sicilia.

Poesía es el sencillo título de la selección del propio Sicilia para la colección de la UNAM Material de Lectura 222, con una nota introductoria de la poeta mexicana Pura López Colomé.

Sobre el suelo nutricio de una fuerte intertextualidad con poetas como W. B. Yeats y T. S. Eliot, y por supuesto con el Nuevo Testamento, especialmente los Evangelios y el Apocalipsis, Javier Sicilia comparte una emotividad y una reflexión con imágenes que evocan pasajes del Evangelio como la Anunciación, la Resurrección, poniéndolos en contacto con una sensibilidad contemporánea.

La antología breve comparte poemas, algunos, que muestran lecturas irreverentes para el canon tradicional. En la Anunciación, dialogando con un poema de Yeats que se refiere a la violación de Leda por Zeus transformado en cisne, Sicilia describe a la virgen María entregándose, en medio de dolor y placer, al ángel ave Espíritu divino, al aceptar ser madre carnal del Hijo de Dios: “Y el miedo de los miedos, saber que / llevaría a mi Dios en las entrañas”. O bien, el diálogo entre Cristo Resucitado y María Magdalena, en el cual el Resucitado le plantea una unión no solo espiritual sino de los cuerpos: “Hoy conozco delicias más profundas / que el dolor; si es mi cuerpo lo que siento / o el tuyo, no lo sé”…. Recordemos que el lenguaje erótico mundano o profano es deudor del erotismo del lenguaje místico que describió la unión directa del alma con Dios, incluidas imágenes del cuerpo como parte de esas bodas místicas, cuyo antecedente antiguo es El cantar de los cantares.

Leyendo los Evangelios, Sicilia lee el mundo contemporáneo también como signo de fe en alguna clase de divinidad: por ejemplo, los clavadistas como el ritual de buscar a Dios en un lance al abismo sobre el mar: “y las aguas y la orilla en ese hueco abierto donde la suma de los / saltos se revela en el rostro de tu resurrección que nos acoge.”

La poética de Sicilia es una poética del pavor ante el abismo o el Apocalipsis (revelación) en las calles donde la cotidianidad se nos muestra. Como las imágenes de Ernesto Cardenal que evocan los restos de las noches de fiesta en la Managua somocista, rastros del pecado que no se borran de la conciencia, Sicilia sabe que está en Patmos, la isla de la Revelación del Apocalipsis, al estar en Cuauhnahuac, una calle de Cuernavaca, suburbial y llena de baldíos y burdeles: “Siempre he estado en Patmos. […] hacia allá, donde los burdeles y las tinieblas son más densos / pensando con tristeza en el postergado día del Señor y su regreso.”

El ars poética de Javier Sicilia, expresado como presencia plenaria por Pura López Colomé en la nota introductoria, se condensa en la imagen de un cetáceo como Moby Dick de Herman Melville, una bestia marina que puede ser el ojo terrible de Yahveh mirando, retando, inspirando al poeta: “me contempla y me acecha, / me procura el espanto, / me insinúa la dicha y el sabor de lo Abierto.”

Esa mirada del espanto que está no solo en la poesía, sino en los textos reflexivos periodísticos que Sicilia publica regularmente, cronicando y denunciando, enunciando el horror en que vive sumido México, ha sido casi premonitoria. El horror de perder, asesinado, en la violencia del México maltrecho a su hijo Juan Francisco. En respuesta, Sicilia escribe un último poema que enuncia el silencio que vendrá en un mundo donde ya no parece habitar el Verbo: “Solo pervive el mundo por un puñado de justos / por tu silencio y el mío/ Juanelo.”

Nuestras vidas, destinos, muertes, emociones profundas, tienen siempre un fondo de misterio que nos recuerda o nos inmersa en lo sagrado. La poesía nos ayuda a tratar de expresarlo como Verbo, como poema: “esta realidad que pende del vacío / y misteriosamente nos posee, / incomprensible, amantísima, / inocente en su pura presencia / como un rumor de alas en el incendio de la noche.”

Javier Sicilia, Poesía, Nota introductoria de Pura López Colomé, Material de lectura 222, UNAM, México, 2022.

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