Cronicas sobre un Maestro Rural.

El Rio
LLegó el día de la vacunación, contra la tosferina, la difteria y el tétanos, se hizo sin contratiempos en la escuela “Rafael Ramírez”, de donde destacan dos diablitos que atiendo, Ismael y Pedro. Son de primer grado, Ismael es moreno, ojos alegres, dicharachero, con una enorme energía, pero distraído en clase y busca buyas. Pedro al cual le llaman el chapeteado, es güero, soñador, inquieto e inquietante, hace pareja con Ismael y Pedro, lo que comparten ambos es su distracción. Ambos llegan chamagosos, a veces con costras en la piel, la mugres resalta, así que para que la cosa sea pareja, se les ha dicho que lleguen bañados, con la ropa limpia y sino entonces “yo los voy a bañar aquí”, para entonces ya se resolvió el problema del bombeo del agua potable. Casi todos llegan muy elegantes, limpios, solícitos, meno dos Ismael y Pedro, así que para no incumplir, mientras los demás niños y niñas hacen un ejercicio, me dispongo a bañar a los dos, no corren, se quitan la ropa, acerco jabón, una cubeta que lleno de inmediato, la he mandado a calentar, así que el agua cae en sus pequeños cuerpos entre risas de todos los mirones y el regocijo de los bañados. Serio y ya en el salón la indicación fue: “mañana quien venga sucio aquí lo baño”, y si, el día siguiente no eran dos, sino cuatro, los que además traían ya su toalla y jabón, así que la amenaza resultó ser una fiesta, hasta que a la semana me harté y les dije, se acabó el baño en la escuela, el que no llegue limpio se va a su casa.
En la loma pelona donde estaba la escuela soplaba el viento frío, a lo lejos se escuchaba un tocadiscos con algunas melodías de entonces, eran todavía de acetatos, los bailes se hacían con éste o también con música en vivo, con el grupo de don Celerino, violín, vihuela, guitarra y guitarrón, un mariachi antiguo, los mismos que amenizaban las carreras de caballos, los desfiles, algunas fiestas familiares. Fuimos a algunos bailes, peor solo a mirar, eran melodías como les dicen corriditas, rancheras que se bailan aprisa y sin acercarse a la pareja, sino que la propia, pareja femenina pone la distancia con su mano, brazo y antebrazo. El baile es en un gran patio de tepetate que no deja de despedir polvo, atienden a los profes, “pásenle, gustan de una tostada”. Las jóvenes no dejan de sonreír, yo casi me escondo prefiero conversar con algunos conocidos.
Aquí a falta de varones, las mujeres deciden cómo y de qué manera comparten los mismos novios, así uno de los novios puede sin problema verse el lunes con una muchacha, el miércoles con otra y el domingo con una tercera, sin problema, eso sí al tiempo debe decidir si las cosas se formalizan. El médico en cierta forma sorprendido se pregunta cómo es que los anticonceptivos los utilizan más los solteros que las parejas casadas. Pero así es, en este pueblo dizque mocho, católico, decente, cristero de los años veinte del siglo pasado. Los que recién nos insertamos a esa realidad, éramos unos niños, al tiempo aquilatamos seguramente lo expresado por el joven Galeno.
La vacunación se amplia a otras localidades y invitación expresa del médico acompañamos a ésta y a la enfermera a Ojuelos, luego de una caminata de más de una hora, se llega a un plan en donde está Ojuelos, los caseríos también están dispersos pero se pueden apreciar por el terreno, más lejos caminando al sur está El Bueyero, desde donde se divisa el río Verde y al fondo los cuatro cerros en medio donde se encuentra un poblado (que quieren sepultar en agua para hacer una presa cuya agua luego quieren llevar para los empresarios de mucho dinero y dejar a la gente como siempre sin nada y con mas carencias aun) todavía caminamos unos metros, llegamos a la escuela, pero ya se divisan cómo salen como venados los niños al mirar al médico y a la enfermera, me digo a éstos “ya no los agarramos ni con sal”, luego de llantos, corretizas y no sin falto de momentos chuscos como cuando llegó un padre joven con su hijo amarrado con un lazo para que no escapara a la vacuna, terminamos, comimos unos tacos de frijoles con queso y nos dispusimos para el regreso, entonces caminamos para el norte, que cuando llegamos a Ayala, le quiero seguir de frente, hasta Apulco, para tomar el autobús y de una vez no parar hasta el camino de curvas, con neblina, angosto y con una panorámica muy diferente a la que ahora transito, pero no, es miércoles, hay que cumplir con los críos, hay que serenarse, eso sí, mínimo una carta hay que enviar llegando, o un telegrama para que llegue pronto y el fin de semana, obligado, hay que llamar por teléfono, desde esa caseta de madera, a donde te dan acceso con cierto desenfado una mujer que no deja de mover cables y de tomar notas, repaso lo que voy a decir, cuando de pronto, me dice “le toca en la cuatro” y al salir la voz se me olvida todo lo que iba a decir….

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