Un lugar común, un dogma, sentencia que en México no existe el racismo, y que eso ocurre porque “somos mestizos”. Sin embargo, la ideología oficialista del mestizaje esconde un racismo más sutil: no el supremacismo blanco explícito, sino el blanqueamiento como asimilación, aculturación, o supuesta “integración”. Como si la redención de los indígenas no considerados mestizos fuera de la mano de su mezcla con lo blanco, tanto racial como cultural: redimir de la exclusión como aculturar, blanquear y occidentalizar.
Un antecedente explícito se encuentra en el texto de José Vasconcelos, La raza cósmica. Por algo lo ha publicado en años recientes la Fundación Slim, en tiempos en que desde el poder pretenden revivir el nacionalismo como ideología del mestizaje. A continuación, ofrecemos algunos comentarios y críticas sobre este texto y su ideología.
La tesis central de Vasconcelos en este ensayo es que en México y América Latina se está forjando una quinta y definitiva raza humana, resultado de la mixtura de las cuatro en que, según el autor, se ha dividido hasta hoy la especie humana: la blanca, la negra, la amarilla y la roja.
Esta nueva raza, que llama “cósmica”, es también resultado de la oposición entre el actual dominio o hegemonía mundial sajona (primero el Reino Unido y luego los Estados Unidos) y la latina o iberoamericana (no sólo los países de habla hispana sino también los de lengua portuguesa, e incluso francesa).
Vasconcelos dice oponerse al supremacismo blanco que trata de apoyarse en una deriva ideológica del darwinismo pregonando que la mezcla de razas debilita a la superior, que sería la blanca. En oposición a ello, Vasconcelos usa la analogía con los experimentos con chícharos que hizo Mendel. Vasconcelos postula que una mezcla de razas dará origen a una raza superior, mejor, la cósmica.
Así mismo, afirma que el futuro de la humanidad se jugará en el eje del Ecuador y que si los pueblos hispánicos (retomando el ideal de Simón Bolívar, pero ahora racializado) no operan esa unidad cultural (hispanófila) incrementado el surgimiento de la quinta raza, entonces lo harán las razas sajonas que no tienden a mezclarse sino a exterminar a las otras razas, como hicieron en lo que hoy son los Estados Unidos.
De su etapa de secretario de cultura que favoreció a los muralistas y al arte, señala que le hubiera gustado representar escultóricamente a las cuatro razas actuales y a la quinta, resultado de la síntesis de las otras.
La obra de Vasconcelos que comentamos se inscribe en los textos que ensayaban reflexiones sobre la identidad de los pueblos latinoamericanos, después de su independencia. Uno de los primeros era el Facundo de Domingo Faustino Sarmiento, en el cual, oponía en un discurso muy polémico los conceptos de civilización y barbarie. Luego, José Martí le responde críticamente denostando a quienes imitan lo europeo, y defendiendo que tenemos que conocer y defender al ser humano genuinamente nuestroamericano.
Vasconcelos intenta fundamentar una raíz más honda y cree poder encontrarlo en un biologicismo racista y aspectista (cree que las razas negra y roja aportarán lo mejor de sí, pero sus elementos “feos” se diluirán en la combinación con la blanca, pues la elección de pareja será por motivos “estéticos”). Oponiéndose al supremacismo racista blanco (que identifica con los sajones) postula otro racismo supremacista (“mestizo”) usando no elementos darwinianos sino supuestos elementos “mendelianos”. El pasado de la humanidad y sus cuatro razas lo pretende fundamentar con base en pseudociencias y mitos como la Atlántida, los lemurianos y los hiperbóreos. Aparentemente reivindica el pasado indígena (toltecas, mexicas, incas), pero propone que en el mestizaje los elementos indígenas, mongoles (asiáticos) y negros se vayan diluyendo en la mezcla con los blancos. Reivindica el papel “civilizador” y “purificador” (incluida la religión cristiana de Vasconcelos) de España y Portugal como colonizadores de América Latina.
Vasconcelos eligió una base muy endeble y cuestionable (falsa, una pseudoconcreción, un ersatz) para fundar la identidad: la racial-biológica, aderezada con lo lingüístico cultural, y la pretende legitimar con argumentos que quieren ser progresistas e incluyentes, pero terminan siendo racistas y conservadores. La derecha mexicana ha buscado abrevar en Vasconcelos, cuyo periplo ideológico fue involucionando de la simpatía y militancia democrática con la Revolución Mexicana a los elogios a Hitler, en su vejez. Por algo Vicente Fox puso a lo que consideraba una obra emblemática de su gobierno el nombre de “Biblioteca Vasconcelos”.
No solo la derecha ha abrevado en Vasconcelos, también la ideología del mestizaje y el indigenismo oficialista que parece “redimir” al indígena, pero en realidad lo quiere “integrar” y mestizar (blanquear) y lo reivindica solamente en la medida en que se acultura (desarraiga) integrándose al México hispánico blanco (Vasconcelos se identificaba como un Ulises criollo). El indigenismo es una ideología hecha por no indígenas para manejar el “problema” indígena: ve a los pueblos originarios no como sujetos (con derechos propios) sino como pobres y excluidos que necesitan ser ayudados con programas sociales (dádivas y manipulación electoral). Es común de este racismo aparentemente benigno hablar de “nuestros” indígenas, donde el lenguaje del encomendero se piensa tierno y paternal.
Una política que milita en el partido gobernante, que se presenta como orgullo nacionalista de esa “raza” de bronce mestiza como Morena, la ciudadana Hannah de Lamadrid (nombre alemán, apellido de la capital española) se presenta alegremente en su propaganda como “la Güera de Morena”. El humor revela el racismo que no se atrevería a mostrarse en serio.
Yásnaya Elena Aguilar, pensadora, escritora y académica mixe, ha criticado esa falsa idea del mestizaje: porque no emigraron tantos españoles como para que cada mestizo sea, como quiere el mito nacionalista fundador, hijo de español e indígena, por lo que la mayor parte del supuesto mestizaje debe ser entre diferentes grupos originarios. La intelectual mixe denuncia el mestizaje como opresión por parte de un Estado que aplica una política racial y se declara no racista.
Asimismo, ninguna “raza” es pura al presentarse al momento del “mestizaje”. Incluso Vasconcelos lo reconoce, cuando dice que con lo español y portugués llegaron lo judío, lo árabe, etc. Desde tiempos prehistóricos el Homo sapiens (cromagnon) incorporó genes neandertales.
De modo que elegir lo racial como base de identidad no solamente es endeble, sino que lleva a tribalismos muy perniciosos, política y moralmente cuestionables. Ante ello, la idea de Fernando Savater expresada a continuación es reivindicable: “Racialmente no hay seres humanos superiores ni inferiores, pero moralmente sí: los racistas son inferiores”.
Este ensayo, La raza cósmica, es un momento muy débil en la reflexión de un personaje que por otro lado tuvo un papel importante como secretario de educación, promotor del arte (él llamó a los muralistas a pintar los muros de edificios públicos) y los libros, ya que publicó a los clásicos en un momento en que muchos eran escépticos ante ello. Como rector de la UNAM, nos legó el lema de la universidad, frase que quizá deberíamos modificar o cambiar para que el concepto de “raza” no aparezca en él.
Vasconcelos, José. La raza cósmica. México. Fundación Carlos Slim.













