La poesía y el mito (la narración poética que nos explica con metáforas y alegorías el origen del mundo, el origen de los seres humanos, el motivo más profundo que mueve su historia) no solamente siguen siendo recordados, soñados, sino puestos en acto, vividos. Y son fuerza de vida de los pueblos y ánimo de resistencia.
En el Istmo de Tehuantepec, poetas y artistas populares, de extracción binnizá (gente de las nubes, pueblo de las nubes o como los llama el filme: seres de las nubes), lo escriben, lo recitan, lo actúan (performan), lo danzan, lo pintan, lo esculpen, lo rapean, lo filman y documentan.
Juan Carlos Rulfo y su staff buscaron hacer un homenaje a Francisco Toledo, el pintor, artista y activista oaxaqueño, y decidieron hacer un filme (docuficción) que es a un tiempo un performance poético visual y auditivo, y un ensayo sobre el arte, la poesía, el mito, la vida y la palabra de los binnizá actuales en el Istmo.
Encontraron a algunos de los artistas y protagonistas vivos de la resistencia en la cultura binnizá como el bailarín, director de escena, actualmente no sólo protagonista en más de un filme, sino documentalista en proceso él mismo, Lukas Avendaño, y la poeta Irma Pineda, autora del mito que da suelo narrativo al filme y que ayuda con sus palabras a ponerle un hilo conductor tanto a la actuación poética de Lukas Avendaño como a la pieza fílmica entera.
Con ellos dos y con otros protagonistas del arte cotidiano, de rapear, de hacer papel artesanal, de dibujar, pintar, grabar, hacer talleres, de las fiestas cotidianas, paganas y sagradas, logran dar cuenta de la resistencia de un pueblo que lucha porque no lo arranquen de sus raíces ni lo despojen de su territorio.
Los dioses hicieron el mundo y nos sostienen no solamente con la Madre Tierra, dice el mito poético, sino con el eje del mundo, la Ceiba, en cuyas raíces habita un lagarto (cuando el lagarto se reacomoda, la tierra tiembla). De sus ramas nacieron los seres humanos, que en un inicio fueron seres de las nubes (binnizá), pero un día bajaron a habitar la tierra. Ahora, algunos están olvidando su origen, su raíz, y esa desmemoria y desarraigo lo podemos observar desde detalles como las bolsas de plástico o latas de bebidas, y otras basuras que se aferran a las raíces y a las ramas de los árboles, o en las aspas gigantes de los molinos de viento de las compañías eólicas, que producen energía eléctrica para empresas trasnacionales como Gamesa o Barcel.
Por un lado, la técnica moderna extractivista que mercantiliza a la naturaleza, a la energía y destruye el medio ambiente, mata aves y murciélagos, e invade las tierras (causando sequía) de los pueblos el Istmo; por otro lado, la técnica puesta al servicio de la comunidad como radio bocina que anuncia pescado fresco o permite escuchar rap binnizá, o la técnica que permite filmar, editar y producir una película como Binnizá, de Juan Carlos Rulfo, o como el documental que está ahora produciendo Lukas Avendaño.
Y la técnica artesanal que produce papel con hojas de maíz o con fibras de juncos, que permite cultivar la tierra y producir plátanos u otros frutos y alimentos. Y la técnica del arte, la palabra poética que se atreve a ensayar el mito, el performance, la danza, la recitación, el dibujo, el grabado, la pintura, la escultura, el moderno rap, el canto religioso o la fiesta popular.
Una técnica extractivista al servicio de las empresas capitalistas que colonizan la vida, el mundo. Otras técnicas, artesanales, artísticas, políticas también, que resisten, defienden el territorio, la vida y el colectivo.
Haciendo un docuficción sobre un lugar específico, con su cultura y su lengua propia, este filme hace también indirectamente una narración de la lucha que en tiempos de colapso vive la humanidad: entre las fuerzas abstractas y siniestras del imperio de la técnica al servicio del capital, en guerra contra la Madre Tierra y contra los pueblos, y de la resistencia, la rebeldía y la lucha de hombres, mujeres, pueblos enteros en defensa de la vida y del territorio, de su mundo, que necesitan crear para vivir, producir contrahegemonía todo el tiempo, para negar lo que los niega y así afirmar la vida, el regalo de los dioses, y la memoria, no como mera nostalgia (sin que deje de tener algo de ella), sino como vida actual. Los pueblos originarios no son piezas de museo, son nuestros contemporáneos, y en más de un momento, nuestras vanguardias (incluso artísticas).
El domingo 21, tuvimos la oportunidad de ver Binnizá, en la sala 9 de la Cineteca Nacional, no solamente con la presencia del director Juan Carlos Rulfo (experimentado cineasta, con obras como Del olvido al no me acuerdo y El abuelo Cheno), y parte de su equipo técnico, sino algunos de sus protagonistas como el artista Lukas Avendaño. El filme ha sido parte de la gira Ambulante y seguramente tendrá otros exhibiciones nacionales e internacionales. Vale la pena apreciar este gran trabajo.
Binnizá, los seres de las nubes, México, 2025, Duración: 79 minutos. Director: Juan Carlos Rulfo. Director de Fotografía: Juan Carlos Rulfo. Fotografía: Color Música original: Leo Heiblum. Edición: Ramón Cervantes, Jorge García “Porri”. Con: Irma Pineda Santiago, Lukas Avendaño, José Panfilo Martínez Vázquez, Jaime Zárate Escamilla, Didxazá, García Jiménez. Productor: Eduardo Díaz Casanova, Gabriel Díaz Casanova y Mariana Castro. Productora: Benuca Films. Distribuidora: Benuca Films.













