Una democracia más sensata

tuit-callejero La humanidad no ha inventado un mejor método para dotarse de gobernantes.

José Woldenberg

José Woldenberg recibió en 2004 el Premio Nacional de Periodismo por un reportaje titulado México: la historia de su democracia. Ocupó el cargo de consejero presidente del Instituto Federal Electoral y declaró esta semana, respecto al proceso electoral, que: «La humanidad no ha inventado un mejor método para dotarse de gobernantes».

La humanidad ha creado unos artilugios infinitesimales para procesar datos llamados «chips» y ha inventado robots con la capacidad para recorrer Marte y navegar por el espacio. Si se lo piensan mejor, incluso ha creado un universo llamado internet donde prácticamente todo es posible. Eso ha sido capaz de concebir el cerebro humano, la tecnología es tal que muy pronto podrá fabricar órganos que sustituirán corazones, hígados y pulmones. Es para asombrarse, cada año que pasa y mientras más nos acercamos al «futuro» las películas de ciencia ficción se quedan cortas: un día el hombre creará vida.

Hablando de fútbol, para elegir un seleccionado nacional, de entre 120 millones de personas, el elegido, tiene que demostrar tras arduos años de práctica, entrenamiento y sacrificios, que es capaz de manejar la pelota con maestría y asociarse con el equipo. Un seleccionado no es elegido por votación, sino idealmente, porque es el mejor en lo que hace y representará valientemente a una nación.

Cuando cualquiera de nosotros acude a solicitar un empleo, debe mostrar que es capaz de desempeñar la actividad en la que pretende ser contratado. Tiene, en varios casos, que aprobar exámenes y tests, y demostrar en la práctica que es la persona adecuada para ejercer el oficio.

¿Saben qué? Lo raro es que ningún candidato a un cargo de elección popular tenga que demostrar nada. No se le aplica ningún test, ni requiere tener conocimientos sobre la materia. No es el mejor ni el más apto. No tiene preparación para entender el estado de la cuestión. Si comete errores no es despedido. Si comete fraudes no es encarcelado. Y a eso le llaman democracia: Cualquiera puede ser presidente de la nación. ¿Cualquiera?

Pero esa es una mentira.

Podemos construir robots que viajen a las estrellas, tenemos procesos de selección para elegir los mejores representantes en materia futbolística, las empresas cuentan con procedimientos para elegir al empleado que más les convenga y José Woldenberg dice que el método electoral que tenemos es lo mejor que hemos inventado. Esa declaración nos subestima o José quiere engañarnos.

Pienso que es justo que los candidatos presenten exámenes de selección, que un jurado ciudadano dictamine la capacidad del aspirante, que demuestren su valía como futuros diputados, senadores, presidentes, y que sean evaluados constantemente, para que si cometen errores trascendentales, sean echados, juzgados y de ser necesario, encarcelados.

Hay que tener en cuenta que un cargo de elección popular es un servicio social, comunitario, que no puede convertirse en un oficio y profesión, que se entiende que alguien sea zapatero o taxista, pero es absurdo que alguien pretenda ser diputado de carrera, político.

Si tenemos tantos filtros para que una persona se inserte en un ramo profesional, ¿por qué no tenemos ningún para la inserción al gobierno en turno?

Por ejemplo y si se abriera un proceso de selección para ocupar el cargo a la presidencia, los candidatos tendrían que cubrir requisitos, para después ser sujetos de pruebas: académicas, psicológicas, socioeconómicas; y que al final emergieran tres o cinco o diez, luego entonces podríamos enfrascarnos en un proceso electoral, ese «mejor método» que presume Woldenberg. Imagínenlo, sería más emocionante que cualquier mundial de fútbol, sería también más justo, más directo, más motivante. Estaría tal vez a la altura de la creación de robots y nanochips. Elegiríamos de entre los más aptos, quizá al mejor de todos. Y claro, ya que tenemos una selección de diez superhombres para la presidencia, podríamos encargarle a ese súper equipo, llevar las riendas de la nación, por un periodo de seis años. Eso sería una democracia inteligente y sensata. Y extinguiríamos al lastre de partidos políticos, entre otros males.

 

@edgarkhonde

 

Publicación original en: edgarkhonde.wordpress.com

 

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