Acteal 17: Estamos haciendo vida

Las mujeres, hombres, niños y niños no nacidos, asesinados en Acteal por los paramilitares hace 17 años no son sólo de Acteal, son de todo México, son de todas las familias que buscan a sus familiares, son de todos nosotros, los que luchamos en contra de este sistema de muerte. Agradecemos a la comunidad de Acteal por ser ejemplo, por ser cuidadora de la memoria, y de este lugar sagrado que alimenta el espíritu de lucha y de búsqueda de justicia de todos nosotros. Por eso es muy importante que esta comunidad siga unida, para que siga dándonos la fuerza que tanto necesitamos todas y todos los mexicanos”.1

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Foto: Frayba

Y regresamos a Acteal: para algunos era la décimo séptima vez, para algunos tercera o cuarta, para otros la primera vez. Pero la historia da vueltas: una y otra vez. Toda luna, todo año, todo día, todo viento camina y pasa también…

Y ahí estaba otra vez el auditorio repleto de rebozos blancos y listones de colores, los huaraches bailando sobre el tapete de hierba de pino, los curas ataviados de bordados ancestrales, las cruces verdes, las sonrisas límpidas de las niñas tzotziles corriendo de un lado para otro, las voces angélicamente combativas del coro de Acteal, los corazones latiendo juntos al ritmo del arpa, el dolor transformado en justicia de los de abajo.

Pero este año es diferente también. Una gran manta está en el fondo del auditorio enmarcada por las verdes montañas de los Altos de Chiapas: 43 rostros, 43 nombres junto a 45 cruces. Y un rezo. que es un rezo-grito, que es un rezo-exigencia, un rezo-denuncia, un rezo-esperanza, que se levanta una y otra vez: ¡viven entre nosotros! ¡vivos los queremos!

En la primera fila también se levantan unos pequeños gigantes, madres y padres de los desaparecidos de Ayotzinapa, madres y padres de esta rabia que no se aguanta más. Compartimos el mismo dolor que ustedes sienten con sus familiares que fueron caídos desde hace 17 años. Estar aquí nos fortalece y vamos a compartir allá en Ayotzinapa lo que aquí vimos y vivimos. La compartición ya está en todas partes. Ya es nuestra forma de luchar.

Un jóven-abeja erigiéndose con toda la dignidad de su historia dice: Nos mataron pero no sabían que éramos semilla, que no podían arrancar nuestras raíces. Por eso queremos regalarles esta planta de café, que tiene sus raíces de estas tierras, para que la siembren allá en Ayotzinapa y es el símbolo de que seguimos vivos y luchando juntos.

En el medio de la plaza hay muchas cruces negras: cada una tiene el nombre de una masacre: Ayotzinapa, ABC, Iguala, Acteal, Aguas Blancas, San Fernando, y la mayoría jamás escuchadas, parte de una historia de masacres. Escribía un compañero de los Sures2 hace poco que la masacre es el modo de advertir a los de debajo de que no deben moverse del lugar asignado.

Y que lo que tenemos que hacer es reconstruir los cuerpos despedazados para reiniciar el camino, allí donde el combate fue interrumpido. Es un momento místico: mirar el horror de frente, trabajar el dolor y el miedo, avanzar tomados de las manos, para que los llantos no nos nublen el camino.

Eso es lo que hicimos ayer en Acteal y lo recalcó el compañero Antonio de la Mesa Directiva de las Abejas: el rezo, el ayuno, el canto, el baile son nuestras formas de lucha. Pero no basta rezar, hay que movernos, movilizarnos, denunciar, buscar la justicia, organizarnos. En este baile que hicimos juntos, en este compartir de nuestro dolor, estamos haciendo la lucha.

Hace 17 años el finado Sub Marcos en un comunicado del EZLN escribía:

“Hermanos y Hermanas,

¿Por qué?

¿Cuántos más?

¿Hasta cuándo?”

Hoy desde Acteal decimos: estamos haciendo vida.

Toda luna, todo año, todo día, todo viento camina y pasa también.

También toda sangre llega al lugar de su quietud”3

Canto del Río

1Fragmento, Palabras más, palabras menos del discurso de Raúl Vera en la celebración de la Misa del 22 de diciembre de 2014 en la comunidad de Acteal.

2Raúl Zibechi, La masacre como forma de dominación – http://www.jornada.unam.mx/2014/10/31/opinion/023a1pol

3 Chilam Balam

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