Sesiones del semillero zapatista: 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | Programa |
Martes 21 de julio, 13:00 horas
Tercera Sesión
Semillero Guerra contra la Humanidad
(Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio)
Alejandra Guillén. “Desaparición y leva para la acumulación de capital. Grietas de resistencia ante el nuevo dominio”
Ilán Semo. “La caída del antiguo orden y las nuevas formas de la guerra”
Capitán Insurgente Marcos:
Bueno, buenas tardes, compañeros, compañeras, compañeroas. Vamos a empezar la sesión de hoy.
Les informo el registro hasta ayer 20 de julio de gente de fuera, 585 registrados, de los cuales 183 son de colectivo, 308 individuales, 49 de medios, 54 que no han dicho. Se han registrado de 26 geografías: Alemania, Argentina, Australia, Austria, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Cataluña, Chile, Colombia, Costa Rica, Dinamarca, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Galicia, Guatemala, Inglaterra, Irlanda, Italia, El Kurdistán, México, el País Vasco, Perú y Venezuela.
Capitán Insurgente Marcos:
Bueno, gracias al maestro Ilán. Así como les dije, los que se han registrado de fuera, hay los compañeros, compañeras y compañeroas zapatistas que están en la parte de atrás, las compañeras milicianas que están aquí detrás nuestro, y también en los caracoles y en las comunidades se juntan para ver la transmisión en vivo de estas palabras y de este semillero. Entonces, para ellos, ellas y ellas, mis compañeros y mis compañeras y mis compañeroas preparé un cuento.
Entonces, no se sientan ofendidos, después de las dos brillantes participaciones de Alejandra e Ilán, porque este sea un cuento.
Se llama:
El amor y el desamor, según Sombra el Guerrero. Primera parte.
De entre la sombra salió o tal vez estuvo ahí desde antes. Es su modo de por sí, está aunque parezca que no está. Silenciado de luz, sombra es entre las sombras. Es a quien los dioses maldijeron con la ausencia. por maloras los dioses o porque ante su reto debiera levantarse también el guerrero, el que lucha.
Fue él quien me llamó la atención sobre el pasaje del Popol Vuh, donde se habla de la capacidad que tenían los primeros hombres y mujeres del ver el todo y las partes simultáneamente. De lo que di llamar antes el aleph maya. Esa parte me decía, bien puede ser la palabra de un jefe guerrero maya, es esa la ciencia del combate, de la lucha, el conocimiento que se perdió por los celos de los dioses más primeros, los que nacieron el mundo, de quienes crearon y se arrepintieron de lo creado.
Pero no se olvidó del todo. Cada tanto en nuestra sangre maya encontramos esas palabras, como encontramos las cenizas en lo que antes fue un fuego poderoso. Ese pensamiento es el que nos permitió derrotar y arrinconar al dzul, al demonio blanco, cuando Chan Santa Cruz organizó nuestra desesperación y puso en nuestras manos y miradas la llama de la justicia.
Pasó sin embargo, que hubo quienes confundieron la lucha por la justicia con la venganza, y el odio que sentimos contra el opresor lo llevamos también en contra del diferente, del distinto, del otro, pero sin embargo nuestro semejante en el dolor y la pena.
Los dzulez blancos no nos derrotaron. Fuimos nosotros mismos quienes caímos ante la envidia, la competencia, el más tener, el ser más. Olvidamos que esa idea no era fruto de nuestras tierras, de nuestras madres. Era, en cambio, la mala semilla que trajo el dzul blanco, junto a sus impuestos y robos de tierras, cosechas y gente. Esa mala semilla vino de la mano de quien oprime y despoja, de quien miente, de quien desprecia, golpea y asesina.
Olvidamos entonces y ahora que el pensamiento del dzul blanco también toma el color de nuestra misma piel y es su pensamiento ciego, aunque oscura sea la fiel que su pensar guarda. El demonio, el mal y el malo, pues, tiene colores cambiantes, pero la misma intención perversa en su mirada. Por eso hay el originario de esta y otras tierras que olvida que de la tierra somos y a ella vamos, que la tierra no es algo que se venda y se compre como mercancía, porque lo que vale no es lo que cuesta más, sino lo que no se puede poseer porque no tiene precio.
Muchos caminos, muchas mañas, muchos rostros tiene el ladrón, el que hace de la mentira su religión y salmo, el que despoja con fuerza o con engaño, el que nos arrebata nuestro corazón y nuestra historia, y nos la cambia por la moneda falsa de la limosna. Nos hace creer, nos hace, que somos inferiores, que nuestro lugar es el de la vergüenza y la humillación, que la ignorancia es la única propiedad que no nos será despojada, al contrario, será y es alimentada para que crezca, para hacernos más dependientes, más débiles, más menores.
Nos hace creer que solo seremos si dejamos de ser lo que somos, originarios de la madre primera, la que nos acompaña desde el nacimiento y nos arropa y recibe cuando dejamos de caminar el mundo.
Nos hace anhelar el olvido, renegar de nuestra piel, de nuestra lengua, de nuestra historia, de nuestro modo. Nos planta en la cabeza y el corazón la semilla mala de la resignación. Y va en su cuenta de los más primeros dioses, porque ellos nos cortaron ese conocimiento del todo y las partes y el recuerdo de su maravilla. Pero haraganes fueron esos dioses y malcortaron nuestra memoria con machete sin filo, olvidaron la lima para rehacer su cara cortante y no del todo perdimos ese recuerdo. Pedaceado quedó, perdido a saber dónde y mismo por maloras, los dioses malvados arrojaron los pedazos lejos, a otras geografías, a calendarios lejanos.
Por eso digo que el arma principal del guerrero es buscar, buscar los pedazos de la memoria, juntarlos, rehacerlos.
Un buen guerrero tiene memoria, pero nunca está cabal, siempre falta lo que falta. Esos pedazos que cayeron lejos, conocimientos cabales, pensamientos, historias olvidadas, luchas presentes y aún pendientes de nacer. Por eso hay que buscar lo otro, lo diferente y echar trato. Intercambiar no mercancías, sino saberes, saberes históricos, científicos, de memoria y de pensamiento. Y preguntar, preguntar siempre, empezar por cuestionar la imagen que nos devuelve el espejo y romperlo al espejo. No mirarnos con complacencia o resignación, mirarnos en lo otro, en quien nos mira mirarlo, no resignarnos. El común es muy otro. No se trata entonces de cambiar el es mío por el es nuestro, cuando es claro que no es de nadie porque no necesitó de nuestra autorización para existir y existe a pesar de lo que digamos. Es el caso de la tierra, del agua, de los arroyos, ríos y lagunas, del mar que ni nuestra mirada alcanza, del sol y la luna, de la lluvia, de las nubes y de plantas y animales de quienes ignoramos todavía el nombre y su existencia. Y aunque lo olvidemos, es también el caso de la memoria. Esas partes vivas del todo que es la naturaleza nos preceden en existencia y destino. Son y lo son sin pedir permiso.
El guerrero no se desmaya por oscuro que esté el camino, por ingrata que sea la mañana, por la falta de miradas o por la ausencia de reconocimientos. El guerrero busca al otro, al diferente, al distinto, no para subordinarlo o someterse a él, sino para aprender de su conocimiento sin dejar de ser lo que somos, para aprender de su historia de derrotas y caídas que serán las nuestras si no nos hacemos común, para tomar lo que se puede y conviene de su modo, para alegrarnos y festejar sus triunfos por lejanos que parezcan.
No es la fuerza física la que hace de un hombre, de una mujer y de quien no es ni la una ni el otro a un guerrero. Es el conocimiento, el estudio, la mirada atenta y la desconfianza ante lo extranjero, lo que nos descubre sus grandezas y sus debilidades, así como nuestras fortalezas y flaquezas. Quien lucha encuentra motivo en la vida propia y en la de sus cercanos. Y sus cercanos no son los de su mismo color y modo, sino los que luchan.
El dzul no solo roba y mata en tierras mayas, ni solo a quien es el color que somos de la tierra. Otras geografías cercanas y lejanas, otros colores distintos como los que pintan el maíz, otros modos y lenguas son también pisoteadas, perseguidas, despojadas y aniquiladas por el dzul del dinero malabido. Por eso la virtud principal del guerrero no es la fuerza física o la cantidad de conocimientos, no, su fuerza está en su capacidad de ver lo cercano y lo lejano, el cerca y el lejos en calendario y geografía, las partes y el todo al mismo tiempo.
Aprender debe a mirar los siete puntos cardinales, el frente y el trás, el uno y otro lado, el arriba y el abajo y el centro en el que se planta nuestra mirada.
Con eso no se nace. Es algo que se aprende y se aprende con lo que nuestros anteriores nos enseñaron en la lucha que nos nació, con los tropiezos que tenemos en la búsqueda de la vida y con nuestro acercarnos a los modos de geografías y calendarios lejanos.
Por eso el guerrero debe reconocer antes que nada que no es único ni es especial, que sus conocimientos y habilidades lo son si están al servicio de su comunidad, que sabe quién es el enemigo y estudia sus métodos, sus mañas, como se dice. El guerrero no vive del pasado ni por el futuro. Es apenas el puente entre el tiempo de uno y otro lado. Es la memoria que hereda para a su vez heredar memoria.
La memoria no es recordar el pasado o no solo, es también y sobre todo memoria que apunta a construir otro mañana.
En libros antiguos se cuenta de un guerrero de sangre maya, a quien al que aquel a quien llamaron Canek. Canek explicó que los más poderosos guerreros no son los mejor armados, los más fuertes o los más crueles. En cambio, dijo, “Los mejores guerreros son los que defienden la libertad y la vida, no para poseer tierras y seres, sino para que la madre tierra y los seres no sean mercancía en el mercado del dzul del dinero”. Por eso decimos que el guerrero lucha por todos, por los cercanos y los lejanos, por los colores distintos, por las geografías de aquí y de allá, por los calendarios antiguos y por los que aún son sueño posible. Para esto, el guerrero necesita perspectiva, o sea, mirada corta y larga. tiene que ser capaz de ver el camino que hace cada paso que da, pero también el camino que dejó su paso anterior y también el destino al que sus pasos llevan.
Cuando miras el mundo, miras lo que miras, y miras lo que intuyes o imaginas. Ves el camino real al frente apuntando esa loma que te dolerá fiera. Ves también de dónde saliste, de dónde vienes. Y no los ves, pero sabes que existe un poblado detrás de esa loma. Aunque no miras el poblado, sabes que existe. Lo sabes porque ya has estado ahí antes o porque te contaron que detrás de ese cerro hay un poblado o porque en la escuela autónoma aprendiste en la clase de geografía, que detrás de esa montaña hay un río y que ahí cerca de su orillada hay un poblado.
Tu mirada tiene ese conocimiento, un conocimiento producto de tu experiencia propia, de la historia de tus anteriores y del estudio de las ciencias.
Quien camina sabe todo eso, aunque no es consciente de ese conocimiento y sin embargo lo tiene. Basta ver lo que le pasa a ciudadanos cuando llegan a comunidades y no saben ni de dónde vinieron ni a dónde van, andan como viejitos bolos tambaleándose y entonces tienen que preguntarle a quién sabe, y esa persona que sabe si tiene bueno su corazón y no se quiere burlar de la dificultad ajena, le dice al ciudadano, ¿Dónde mero está la letrina? No vaya a ser que se meta a la cocina comunitaria a hacer 25 o 50. 25 es orinar, 50 es cagar. Y si nosotros como pueblos originarios que somos vamos a la ciudad, pues también no caminamos cabal. No lo sabemos decir de dónde mero del horizonte vinimos, ni tampoco sabemos dónde está la champa que nos dará techo y alimento del diferente que nos apoya.
Entonces, en cada caso, el otro es como quien dice una guía. No camina por nosotros, ni hace el trabajo por nosotros, ni hace 25 o 50 por nosotros, pero nos orienta y aconseja, y no nos obliga, sino que somos libres de hacer o no caso y tenemos que hacernos responsables de esa libertad. Si elegimos ir a 50 en la cocina comunitaria, pues ahí lo veas, en la asamblea te van a malmirar y a criticar, ni modos, castigo.
Esto que te digo es un ejemplo de cómo necesitamos al otro y no dejamos de ser lo que somos. Por eso, porque eso, como quién dice, cualquiera. El problema es cuando sabes que no hay poblado detrás de esa montaña y sin embargo ahí estás de necio trincado en que vas al otro lado de la loma. Y todos te preguntan, ¿por qué haces así? ¿Por qué vas a ese lugar si no hay poblado, si no hay nada? Y tú como quiera sigues, como que no oyes las burlas, como que no escuchas las críticas, como que no haces caso de quienes te dicen que no seas tarugo, que mejor te quedes donde estás, que hay la letrina y hay los otros, aunque ahora te burlan, pero tú sigues porque sabes que no hay ese poblado y que tendrás que crearlo, levantarlo entre acahuales repletos de espinas, avispas y bejucos fieros, a punta de machete y dolor y ampollas.
Sabes que se ocupará un lugar para la siembra, para los animalitos, para echar baile y jugar, para que las crías correteen y se caigan y se raspen las rodillas y rompan la ropa que costó paga condenado chamaco del demonio.
Sabes pues que ese poblado no existe más que en tu imaginación, pero sabes que es posible y sabes que necesitas a los otros para encontrar el buen lugar y levantar champas, auditorios, sembradíos y sabes que necesitas ese poblado para ahí nacer otra relación entre diferentes, por que los otros mundos no nacen de grandes proyectos ni en eclosiones mundiales, nacen con y en lo pequeño. Así es como podremos subvertir la lengua y decir compañeroa, compañera y compañero, donde antes mirábamos amenazas. Entonces eres un guerrero o guerrera o guerreroa porque cada quien su modo, su gusto y su disgusto. Lo eres porque no solo eres capaz de mirar lo que está cerca o lejos en calendario y geografía, también y sobre todo, porque eres capaz de mirar lo que no existe todavía. Hay quien a eso le dice soñar, nosotros los pueblos zapatistas le decimos luchar.
Gracias. Nos vemos a las 6 de la tarde.
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Publicado originalmente en la página de Enlace Zapatista: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2026/07/21/transmision-en-vivo-semillero-guerra-contra-la-humanidad-las-poblaciones-y-la-naturaleza-bajo-asedio-martes-21-de-julio-1300-horas/











