Ecatzingo: del pueblo para el pueblo

La vista del volcán Popocatepetl desde la carretera que nos va a llevar a Ecatzingo es impresionante. Es tan hermosa a la vez tan poderosa que cuesta trabajo pensar que pudiera causar algún daño. Quién sabe.

Recorrimos los 77 kilómetros  desde Nezahualcoyotl hasta Ecatzingo en menos de dos horas. No está mal. En días entre semana puede tomar más tiempo.

Al salir de la carretera para llegar al poblado atravesamos las calles de  Atlautla que también tienen casas caídas y otras que en cualquier momento pueden caer. Que ganas de quedarnos ahí, pero ya nuestro destino está trazado.

A la entrada de Ecatzingo preguntamos a unos muchachos que iban caminando, las direcciones para llegar a la preparatoria. No es difícil que nos guíen, es la única del poblado. Ahí nos vamos a reunir con una maestra. En el trayecto vemos habitantes del pueblo y ya algunos vehículos que parecen transportar despensas o un tipo de ayuda. No hay presencia de policía, soldados o alguna otra autoridad. Pasamos por dos albergues que lucen vacios.

En unos minutos llegamos ahí.  La maestra no ha llegado, pero el maestro Nacho, director de la escuela,  nos recibió con café de olla en mano.  Su jornada, al igual que la de un grupo de alumnos de ingeniería del politécnico había iniciado hacía rato. Tienen que empezar temprano para que les rinda el día y hoy parece que va a llover, lo que acortaría las horas para poder hacer su trabajo. Aunque, bueno, la lluvia no parece importarles mucho. Los estudiantes, relevándose por turnos, ya tienen 2 o 3 días evaluando la situación de las casas que parecen tener daños. Hasta ahora han revisado más de 800 y la mitad de ellas tienen que derribarse. En otras, ya el 19 de septiembre con el sismo que azotó el área,  la madre naturaleza ha hecho el trabajo y ya están completamente por el suelo. Ahí, los jóvenes estudiantes junto con voluntarios de la sociedad civil que arriban buscando como ayudar, tratarán de hacer un cuartito para que la gente se resguarde del agua y el frio. Estamos cerca del volcán y los elementos pueden ser inclementes. No podrán  hacer mucho, ya que las tablas, polines y láminas que se han recibido como donación, apenas alcanzarán para uno o dos.

En algunos casos ya los mismos habitantes con familia o vecinos han hecho lo propio con madera o algunas lonas donadas.

Es difícil saber cuántas viviendas en Ecatzingo se derrumbaron con el sismo. No ha habido un censo oficial y no sabemos si lo habrá ya que dentro de la municipalidad hay barrios y comunidades tan alejadas y aisladas que sólo se llega caminando.Lo mismo pasa con otras zonas rurales en todo México.  Dice la gente que ya el gobernador del estado y el director de educación pública visitaron el pueblo, pero nada más las calles centrales. Lo mismo ha pasado con el apoyo de despensas y comida de buenos samaritanos que han llegado. Se concentran en el centro y no llegan a esos lugares tan apartados. “Como no van para allá, hemos salido a la carretera a pedir apoyo, pero como no pueden ver nuestras casas destruídas no creen que fuimos afectados”, comenta Crisóforo Contreras González que vive en Tetoxco, a  unos minutos del centro de Ecatzingo. “Les pedimos que nos acompañen para que las vean, pero como hay que subir cerros o bajar cañadas, no van”, afirma. El cuarto de adobe donde vivía con su esposa y cuatro hijos se derrumbó por completo. Ya  tienen ahora uno hecho de madera que encontraron en el bosque, pero perdieron los pocos muebles que tenían. Lo mismo pasó con las casas de sus cinco hermanos que viven en la misma comunidad. Su madre, Angela de 80 y tantos años pasó por lo mismo.

La idea de construir otro cuarto o recuperar sus cosas se ve muy lejana. Crisóforo y sus hermanos, al igual que muchos hombres del pueblo, mantienen a sus familias de la extracción de cantera en minas alrededor de Ecatzingo. Ellos trabajan en la de  Tecomaxusco. Ganan un promedio de $150 pesos por día vendiendo la piedra a la orilla de la carretera pero ahorita por el terremoto la gente no compra. No han sacado nada desde ese día y no saben cómo van a pagar la renta de $500 pesos por mes que tengan ingresos o no, tienen que liquidar al dueño de la mina.

La gente de estas comunidades viven ya de por si en extrema pobreza. En la mayoría de los casos les toma años hacerse de su casa y sus pertenencias. A don Aurelio Flores Yañez, que  vive en el barrio de San Miguel,  le tomó 45 años construir la casa donde viven él, su esposa, su hijo, su nuera y sus tres nietos. El y su hijo Juan trabajan dos días a la semana como cargadores en el mercado de Ozumba, a 12 kilómetros de Ecatzingo ganando $400 semanales. Los otros días de la semana siembran maíz.

Ahora su casa, aunque no parece dañada, tiene que ser derrumbada porque por abajo se abrió una grieta y el suelo está tan blando que con las lluvias  en cualquier momento se puede derrumbar, de acuerdo al ingeniero Manuel que les recomendó no entren siquiera por sus pertenencias. Lo mismo le recomendaron dos soldados que fueron con el presidente municipal a ver su casa, pero no les ofrecieron ninguna ayuda. Nada más le dijeron que fuera a exigirayuda al maestro Nacho. Como si fuera la responsabilidad de él o la sociedad civil asistir a los damnificados.

En las mismas condiciones están sus vecinos ya que la grieta atraviesa una buena parte de su comunidad. Liliana, nuera de don Aurelio nos muestra unos adobes que hicieron ella y su esposo Juan para cambiar las tablas que rodean su cocina pero que ahora quizás usen para hacer un cuartito, ya que la mitad de su cocina desapareció con el derrumbe del cerro.

Liliana piensa que el temblor y la grieta tienen que ver con el volcán Popocapetetl.” Cuando tembló se oía como un rugido de leones. Eso no es normal”, dice la joven que ha vivido alrededor del Popo toda su vida.

¿Cómo saber? En otras comunidades alrededor del volcán se reportan grietas similares, pero no ha habido una inspección de parte del gobierno.

Llegamos a Totoxco y San Miguel gracias a que el maestro Nacho pidió a Sixto, un residente del pueblo que nos acompañara. Sólo él y los otros guías que iban con otras brigadas, podrían llevarnos a esas comunidades invisibles desde la carretera o las calles centrales del pueblo. Los más temerarios de esos guías se aventuraron a irse con algunos motociclistas a comunidades aún más distantes. El concepto de algunas personas que piensan que los clubs de bikers son sólo por diversión cobra otro sentido cuando los ves que llegan en grupo para ofrecer sus máquinas que son las únicas capaces de llevar ayuda inmediata a esos lugares.

 

Otra vez la gente común es quien llega a esas zonas olvidadas por el gobierno. El pueblo ayudando al pueblo, decía un cartel en una de las camionetas que llevaban despensas. Son los estudiantes, maestros, médicos, bikers, secretarias, chavos y chavas banda, amas de casa, que junto con los pobladores están tratando de reconstruir esa comunidad. Y lo van a lograr, el caso es no rendirse, dice don Aurelio secando con la manga de su sueter unas lágrimas que no puede contener.

Aunque los residentes de Ecatzingo dicen estar acostumbrados a no recibir nada del gobierno, están convencidos que tienen que exigirle que haga algo. La desgracia y la unidad entre ellos y el apoyo de la gente de fuera les está mostrando el poder que juntos pueden tener. Platicando entre ellos comentan que si recibieran algo de material, le exigirán al presidente municipal que el gobierno ponga otra parte y ellos pondrán la mano de obra y lo que esté a su alcance para poder reconstruir el pueblo. Nos vamos a levantar, afirma don Aurelio.

Tomó su devastación para que el pueblo de Ecatzingo y las comunidades a su alrededor, asi como otras poblaciones de zonas rurales,  se hicieran visibles ante los ojos de México que parece haber olvidado a sus pueblos originarios. Ahora falta, no sólo reconocer su existencia, si no solidarizarse para su reconstrucción.

Lo ue fue la Escuela Primaria

Iglesia totalmente dañada. Dicen fue construida en siglo XVI

La reconstruccion a cargo de lxs jovenxs

 

voluntaria llevando despensas a comunidades a las que sólo se llega subiendo cerros o bajando cañadas.

Un comentario

  1. Muchas gracias por esta crónica que igual saca lágrimas que provoca ternura y esperanza. Ojalá puedan darle seguimiento a esta labor de reconstrucción tanto material y física como de cambio y empoderamiento. Gracias por recordarnos que la humanidad emerge fuerte del corazón de México, de pueblo a pueblo en todos los sentidos.

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