Oxnard, California: Boicott Driscoll’s

Just outside the Oxnard Strawberry Festival, Todo Poder al Pueblo and others protest.

The collective protest challenges the tourism agenda of the City, calls attention to social problems connected to agricultural industry and greater Oxnard, and occurs in Solidarity with local workers, as well as with agricultural workers in Washington and Mexico who have amplified their resistance to exploitation and abuse within the industry.

This protest with the community of Oxnard challenges the agricultural industry’s and Oxnard city’s efforts to overlook the social and environmental costs of Strawberries production, and questions the logic of charity festivals. While the City celebrates itself, in the interest of tourism and at the service of industry owners, we who live and work in Oxnard and Ventura County are left with human and environmental exploitation, including respiratory illnesses, cancer, unsafe work, and discrimination. There are numerous examples -too many to name here – but documented extensively by environmental justice research of projects like the Center for Investigative Research, by farmworker testimonies in Baja Ca, and Sakuma Washington, and their support networks North of the border.

Industry and City Officials, even charities and non-profit social change organizations are aware, but, unfortunately, all benefit materially, and are largely silent, watered down in their concerns, or structurally limited in instituting meaningful labor and environmental reforms.

The agricultural industry in general is tied into a global network of exported exploitation and imported products and labor. They rely on harmful chemicals that linger in the neighborhoods of farmworker communities, affecting the lifetime health of children and elders. Strawberry growers, such as Driscoll’s and its subsidiaries are well aware, and have responded through re-branding efforts that attempt to portray fairness with which workers are treated, their local education programs to improve farmworker health (focused, of course on “educating” farmworkers about healthy choices, rather than any causal relationship between the work itself and pesticides).

But, are not our elected leaders, state, and local, protecting us? Haven’t the industry representatives reassured us of the safety of Methyl Bromide? Surely, to the extent that a City and State dependent on 2.6 Billion industry dollars would be willing or even able to jeopardize that, we can rely on them for progressive change and better working conditions. We understand that when our community leaders including community organizations that work on behalf of farmworker and working class families, or our cultural historians of the farmworker movement also rely on foundation funding from this industry, that they are by definition unable to maintain an independent voice. This is not due necessarily to moral failure, but as even our leaders and designated spokespeople will admit, is simply the nature of the system.

Meanwhile, Boycotts have spread from Mexico to Washington, while local “leaders” and groups discourage mention of such active resistance at quasi cultural-political productions unless permission to speak and protest is formally approved by the mainstream alliance of industry, the city, police, and co-opted community leaders. 1960’s Farmworker movement nostalgia and political dependency on industry has prevented critical interventions in exploitation, while officially sanctioned marches lend the Struggle to fake political photo ops.

The festival’s charity money can not cover for the social problems here in Oxnard: police violence, gentrification and economic violence, environmental racism, and exploitation of undocumented workers. In Oxnard, a recent history of resisting economic violence continues, such as when farmworker students refuse the indulgence scholarship money of Driscoll’s and other industry. Boycott’s have spread from Mexico to Washington, and endemic problems of displacement, abuse, and pollution by industry has been assessed by Mexico solidarity activists as linked to neoliberal trade policies such as TPP and Plan Mérida (Plan Mexico).

The strategy of Boycott and symbolic protest, however, hints at a broader conversation about our relationship to the land. Despite whitewashing and assimilation efforts, we have not forgotten our history of an indigenous peoples’ struggle for land, a local history of inter-ethnic labor solidarity. We continue to bear witness to and resist the daily brutality faced by the poor and working class at the hands of the police, as Oxnard pursues its development agenda. As descendents of the revolutionary ideals of Emiliano Zapata, we shall not drop our struggle for land and liberty for the people, in order to build alternatives.

In Solidarity with San Quinitin, Washington and Oxnard
Colectivo Todo Poder al Pueblo

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A las afueras del Festival de la fresa en Oxnard, Todo Poder al Pueblo y otros protestan.

La protesta colectiva desafía a la agenda de turismo de la ciudad, pone de manifiesto los problemas sociales conectados a la industria agrícola en el área de Oxnard y acontece en solidaridad con los trabajadores locales, así como con los trabajadores agrícolas en el estado de Washington y México que han amplificado su resistencia a la explotación y el abuso dentro de la industria agrícola.

Estos actos de protesta con la comunidad de Oxnard desafían a la industria agrícola y los esfuerzos de la ciudad de Oxnard de pasar por alto los costos sociales y ambientales, cuestiona el argumento detrás de estos festivales de la supuesta caridad. Mientras la ciudad celebra, por intereses del turismo, a quienes viven y trabajan en Oxnard.

Al condado de Ventura nos dejan la explotación humana y ambiental. Hay ejemplos numerosos, demasiados para nombrar, documentados ampliamente por el Centro de Investigación y Reportaje (ahora conocidos como CIR) sobre la justicia ambiental, y por los propios trabajadores en Baja California, así como de los grupos de apoyo al norte de la frontera.

La Industria y los funcionarios de la ciudad e incluso organizaciones de cambio social sin fines de lucro son conscientes, pero por desgracia, todos se benefician materialmente y son en gran parte silenciosas, delicadas en sus preocupaciones, o estructuralmente limitados en instituir reformas ambientales y hacer trabajo significativo.

La industria agrícola en general está vinculada a una red global de explotación exportando los productos importados y la labor de mano de obra.

Los productores de fresa, como los de Reiter and Affiliated Companies, Driscoll’s y sus filiales son conscientes de las preocupaciones de la comunidad y han respondido cambiando la imagen para demostrar sus “esfuerzos”. En su página de la web se destaca la imparcialidad con que son tratados los trabajadores, sus programas de educación local para mejorar la salud de trabajadores agrícolas (centrado, por supuesto en “educar” a los trabajadores agrícolas acerca de opciones saludables, en lugar de demostrar la relación causal entre el mismo trabajo y los pesticidas).

Pero, no acaso son nuestros líderes electos, estatales y locales, los protectores de nosotros? Acaso los representantes de la industria agrícola no nos aseguran la seguridad de bromuro de metilo? Probablemente si la ciudad de Oxnard y el Estado no fueran dependientes de 2.6 mil millones de dólares estarían dispuestos a poner en peligro las ganancias millonarias, pero es así y por eso nosotros no podemos confiar en ellos para obtener un cambio progresivo o para mejorar las condiciones de trabajo. Entendemos que cuando nuestros líderes comunitarios, incluyendo a las organizaciones comunitarias que trabajan a favor de los campesinos y familias de clase trabajadora, o nuestros historiadores culturales del movimiento UFW también dependen de la financiación de esta industria, que son por definición incapaces de mantener una voz independiente. Esto no es debido necesariamente al fracaso moral, sino incluso nuestros líderes y los portavoces nombrados confesaran, que es simplemente la naturaleza del sistema.

Mientras tanto, el boicot se ha diseminado desde México a Washington, mientras que los “líderes” y grupos desalientan la mención de la resistencia activa en sus eventos pseudo político-culturales solamente si se pide permiso a hablar y protestar y si es aprobado por sus alianzas de corrientes principales de la industria, la ciudad, la policía, y líderes de la comunidad que han sido cooptados. El movimiento de los jornaleros de los años 60’ llenos de nostalgia y la dependencia política de la industria ha impedido intervenciones críticas en explotación, mientras las marchas oficiales se prestan para las cámaras como una falsa política por la lucha de los jornaleros y las jornaleras.

En Oxnard, la historia reciente de resistir a la violencia económica continúa, como cuando los estudiantes de trabajadores del campo rechazan la indulgencia de dinero para becas de Driscoll’s y otras industrias. En el festival de la caridad, el dinero no puede cubrir los problemas sociales de aquí: violencia policial, gentrificación y violencia económica, el racismo ambiental y la explotación de los trabajadores indocumentados.

El Boicot se ha extendido desde México a Washington, y los problemas endémicos de desplazamiento, abuso y contaminación por la industria ha sido evaluado por activistas en solidaridad de México y han vinculado también a las políticas neoliberales del Tratado de Libre Comercio (TLC) y al Plan Mérida (Plan Mexico).

La estrategia de boicot y la protesta simbólica, encausa a la amplia conversación acerca de nuestra relación con la tierra. A pesar  lavarnos el cerebro y la asimilación forzada no hemos olvidado nuestra historia de lucha por la tierra. Como descendientes de los ideales revolucionarios de Emiliano Zapata, no vamos ceder en nuestra lucha por la tierra y la libertad para el pueblo, con el fin de construir una vida equitativa para todas y todos.

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Boicoott 1

Mi familia alimentaDriscoolls 2fESTIVAL 2

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