46 abrazos que se multiplicaron para hacer un torbellino

46abrazosPor Argelia Guerrero

La última etapa del festival fue sin duda una cascada multicolor de lenguas, formas, ritmos, voces y climas que atestiguó el compromiso renovado de luchadores en el campo y la ciudad para seguir resistiendo y construyendo.

La llegada al Caracol de II Oventic llamado “Resistencia y rebeldía por la humanidad” es un peregrinar de personas con mochila a la espalda que avanzan con paso lento y constante hacia el tramo carretero en que se encuentra la entrada. La carretera está llena de autos y camiones que trasladan a todos los participantes en el Festival de las resistencias y rebeldía contra el capitalismo, en el camino también se encuentra zapatistas cubiertos con su pasamontañas que operan el tránsito en la carretera y organizan la llegada de las diferentes caravanas.

A las puertas del caracol se lee en una manta: “Bienvenidos/as al caracol II de Oventic para el 21 aniversario del E.Z.L.N y el Festival mundial de las resistencias y rebeldías contra el capitalismo”, mientras que un gran número de asistentes esperaba afuera para ser registrados y entrar al festejo. En la espera muchos tomaban sol, otros se resguardaban en la sobra, capturaban imágenes con cámaras, comían algo en la cooperativa, se encontraban, se reencontraban, se conocían nuevas y nuevos “compas”. Arribaron los camiones con los normalistas y los padres de los normalistas desparecidos, recibidos entre aplausos y consignas de los que afuera esperaban, y la voz organizada y colectiva de dos columnas inmensas de bases de apoyo zapatistas que dentro del caracol escoltaban el camino por donde habrían de entrar. El subcomandante insurgente Moisés salió a recibirlos y fue así como Ayotzinapa fue abrazado por los zapatistas, el CNI y la Sexta nacional e internacional. Después de un rato comenzó la entrada del resto de caravaneros al caracol. Ya sonaba la música, los puestos y cooperativas vendían artesanía, café, mole, tamales, chalupas, arroz con leche y más. Los y las zapatistas llenaban con su ir y venir el camino hacia el templete. El acto cultural estuvo a cargo de diversos grupos organizados dentro de los pueblos y comunidades zapatistas, hubo canto, danza, poesía y música; después al evento se sumaron las voces de asistentes del resto de México y el mundo y por fin comenzó el baile, ese momento cálido y agitado que caracteriza a los zapatistas y que adereza su lucha de alegría. Todos sumando su ritmo y su paso para hacer un gigantesco cuerpo colectivo que baila y resiste. De pronto el maestro de ceremonia pide un repliegue, solicita vaciar una zona de la cancha en la que se realiza el baile, todos obedecen y en segundos el área queda despejada “sólo era un ensayo” dice el maestro de ceremonia, “¿quieren seguir bailando?”, un ruidoso “sí” es la respuesta, “bueno, pero al rato que sea de verdad tiene que salir como en el ensayo” y reinicia la bailadera.

Llegado el momento se solicita repetir como en el ensayo el repliegue, en el área libre de inmediato son colocadas 43 sillas que nos recuerdan que hacen falta 43 alegrías en este baile; entran al templete los familiares de los ausentes, representantes del CNI y representantes del EZLN entre gritos de apoyo, consignas y muestras de dolor y rabia.

Es interpretado el himno nacional con la mirada puesta sobre las columnas de paliacates y pasamontañas que inyectan esperanza. Después el himno zapatista da inicio con la certera frase “ya se mira el horizonte…”

Hablan los padres de los desaparecidos, comparten su dolor, contagian su rabia, arrancan lágrimas y sentencian “ya no vamos a pedir justicia a nuestros verdugos”

Después toma la palabra un delegado del CNI quien hace un recuento de los agravios cometidos por el capitalismo contra los pueblos, nombra a los presos, llama uno a uno los dolores del México de abajo y sentencia a los padres de Ayotzinapa ”no queremos alianza con ustedes, porque ustedes y nosotros somos lo mismo, somos el mismo dolor y tenemos que ser la misma rabia” y finalmente llama a crecer nuestra lucha.

Finalmente y ya bajo una incipiente lluvia que no cesará ya más, toma la palabra el Subcomandante Insurgente Moisés quien de inicio saludando con un “buenos días” pues para ellos ya pasaba la media noche, ya había comenzado el año.

Fue un discurso que abrió los ojos, mentes y conciencias de los que ahí se encontraban y cuyas primeras palabras estuvieron dedicadas a los familiares de los desaparecidos en Ayotzinapa. Reconoció su lucha por la búsqueda de verdad y justicia, los llamó a no dejar de luchar y encontrarse con otras familias que tienen su propio dolor y rabia

“de su mano de los familiares de los 43 entendimos que Ayotzinapa no está en el estado mexicano de Guerrero, sino que está en todo el mundo de abajo.”

Culminó el mensaje para los padres con un abrazo de cariño, de respeto y de admiración

Cada uno de los jóvenes hoy ausentes fueron nombrados para hacerlos “presentes” hoy y siempre

“Y además, les damos 46 abrazos, uno por cada uno de los ausentes”

Fue entonces que los asistentes sumaron a los abrazos un aplauso colectivo que se prolongó durante minutos, los minutos que duraron los abrazos obsequiados por los zapatistas. Un aplauso que no terminaba, que buscaba llegar hasta todos los rincones del mundo que resisten y que tienen en su lucha un lugar para el dolor y la rabia de estos padres y madres.

Después de ello hizo un llamado claro a dar pasos hacia la organización, puesto que encontrase es bueno, pero no basta. Ayotzinapa nos unió, pero es necesario imaginar y construir el mundo que queremos

“Nos muestran que es hora de organizarnos.

Que es hora de que decidamos nosotras, nosotros mismos, nuestro destino.

Así de simple y complicado.

Porque eso quiere organización, trabajo, lucha, rebeldía y resistencia. Sólo con movimiento y organización los de abajo podremos defendernos y liberarnos.”

Finalmente dejó la tarea de estudiar y hacer en colectivo por los varios caminos posibles que haya con el mismo destino único: la libertad, la libertad, la LIBERTAD.

“Como zapatistas que somos, aunque pequeñas y pequeños, lo pensamos el mundo.

Lo estudiamos en sus calendarios y geografías.

El pensamiento crítico es necesario para la lucha.

Teoría le dicen al pensamiento crítico.

No el pensamiento haragán, que se conforma con lo que hay.

No el pensamiento dogmático, que se hace Mandón e impone.

No el pensamiento tramposo, que argumenta mentiras.

Sí el pensamiento que pregunta, que cuestiona, que duda.

Ni en las condiciones más difíciles se deben abandonar el estudio y el análisis de la realidad.

El estudio y el análisis son también armas para la lucha.

Pero ni sola la práctica, ni sola la teoría.

El pensamiento que no lucha, nada hace más que ruido.

La lucha que no piensa, se repite en los errores y no se levanta después de caer.

Y lucha y pensamiento se juntan en las guerreras y guerreros, en la rebeldía y resistencia que hoy sacude al mundo aunque sea silencio su sonido.

Pensamos y luchamos las zapatistas, los zapatistas.

Luchamos y pensamos en el corazón colectivo que somos.”

Y como si hubiera un pacto, al terminar el discurso se dio por finalizado el acto, arreció la lluvia y comenzó nuevamente el baile con la invitación a darse abrazos por 21 años de lucha del Ejército Zapatista de liberación Nacional y por el renovado compromiso por caminar y luchar en colectivo, sin rendirse, sin venderse, sin claudicar. Conocidos y desconocidos; zapatistas y sociedad civil se abrazaron. Se encendieron luces, se encendieron esperanzas, se renovó el compromiso de luchar y se reinició la alegre rebeldía de bailar al ritmo del popular grupo “Los originales de San Andrés”

La lluvia continuó el resto de la noche; pero como es ya legendaria costumbre entre los y las zapatistas, la bailadera no cesó. Hoy como hace 21 años, los y las zapatistas maravillan al mundo con su resistir, con esa digna rabia que se convierte en cálido baile. Los y las zapatistas nos maravillaron con ese torbellino que es la danza por y para la humanidad.

 

 

De su mano entendemos que el enemigo común del campo y de la ciudad es el capitalismo, no sólo en un país sino en todo el mundo.

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