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Hotel Abismo: A 20 años de la salvaje represión en Atenco

Por Javier Hernández Alpízar

A la memoria del compañero Paco

En mayo de 2006, la lucha de clases en México se desnudó; mostró la violencia que está siempre latente: el Estado mexicano como un todo descargó su furia contra un movimiento social rebelde que había osado retarlo.

Como en la represión del movimiento estudiantil de 1968, la invasión del pueblo de San Salvador Atenco por la militarizada Policía Federal Preventiva, un grupo de elite contrainsurgente (GAFES) y policías del estado de México, no fue el todo, pues eso implicó también la coordinación de funcionarios de tres niveles del gobierno, el federal, a cargo del panista Vicente Fox, el estatal a cargo del priista Enrique Peña Nieto y el municipal de Texcoco, del perredista Nazario Gutiérrez.

Luego de los asesinatos, las salvajes golpizas, las detenciones arbitrarias, la tortura sexual valientemente denunciada por las compañeras de la Otra Campaña, las prisiones políticas y el escándalo mediático para infundir miedo a todo movimiento social, y a todo rebelde (“esto te puede pasar”, parecían decir las fotos de los compañeros ensangrentados), vino lo que hoy llamaríamos “nado sincronizado”: Peña criminalizando y revictimizando a las víctimas, diciendo que denunciar tortura y violaciones era “de manual” para activistas. Obrador guardó un sonoro y fuertemente audible silencio. El PRD en Texcoco publicó un desplegado en La Jornada con su comprensión hacia las autoridades que pusieron “orden”. Las televisoras difundieron la versión oficial. De hecho, TV Azteca prácticamente había llamado a la mano dura contra “los macheteros”.

El delegado Zero denunció la coordinación de gobernantes de los tres partidos en su complicidad con la represión a Atenco y la Otra Campaña. Ya para entonces, caricaturistas de La Jornada como El Fisgón y columnistas cono Jaime Avilés y Octavio Rodríguez Araujo se habían encargado de calumniar al EZLN, especialmente al subcomandante Marcos y a la Otra Campaña, acusándolos implícita o explícitamente de haber pactado una alianza con el PRI y el PAN, y un complot contra su líder vitalicio: López Obrador.

Recordar 20 años después esta represión de amplia gama, que fue de la violencia de Estado a la contrainsurgencia ideológica de la autodenominada izquierda, entonces perredista y después morenista (ya en sus análisis de “Los peatones de la historia”, Marcos les decía que estaban preparando un nuevo partido), es como rebobinar los análisis de entonces y ver cómo los zapatistas tuvieron razón: el tiempo les ha dado la razón.

La contrainsurgencia no comenzó con la represión policiaco militar. Como analizaron acertadamente los compañeros de la Red contra la Represión, la represión comenzó desde la demonización de la Otra Campaña y del EZLN (y en los días de mayo, de la resistencia en Atenco): las caricaturas de El Fisgón poniendo a Marcos al lado de Salinas y de Fernández de Cevallos; las calumnias de los entonces perredistas y hoy morenistas que acusaban al EZLN de aliarse al PRI y al PAN contra AMLO. La Otra Campaña recibió un tratamiento doble, explicaba alguna vez, oralmente, Hermann Bellinghausen: en los diarios nacionales silencio e invisibilidad y en los diarios locales por donde pasaba la caravana de la Otra Campaña, golpeteo mediático: describirlos como jipis que olían a tabaco.

Octavio Rodríguez Araujo puso a alumnos suyos a contar adherentes a la Sexta, con base en los que mencionaba Bellinghausen en sus crónicas, y concluyó que éramos tan, pero tan, poquitos que no éramos un movimiento legítimo, pues para ellos, los columnistas obradoristas, el único legítimo era su líder fetiche, su tótem tabasqueño. Todo lo demás era espurio. Si TV Azteca llamó histéricamente a la represión, los columnistas obradoristas de La Jornada se encargaron de señalar a la Otra Campaña como un error que nos desviaba del único camino sensato: votar por su candidato.

A pesar de que ni el delegado Zero ni la Otra Campaña llamaron a votar ni a no votar por nadie, los obradoristas, comenzando por su expresidente o líder de su neomaximato, se encargaron de esparcir la calumnia de que habíamos llamado a no votar por AMLO.

La Jornada magnificó solamente las críticas a Obrador y dejó perder en páginas interiores las declaraciones y pronunciamientos de Marcos donde llamaba a un boicot contra Acción Nacional y el Yunque, o bien, lo dicho en un mitin con Xi´Nich: que ni un voto al PRI, porque han derramado sangre indígena. Poner esas declaraciones en primera plana, como hacía con las críticas a Obrador y el PRD, habría desmentido a los calumniadores oficiosos que acusaban a Marcos de ser un complot contra Obrador.

En 2026 sabemos que fue muy cierto lo que el EZLN dijo en 2006, en documentos como “La (imposible) geometría política del poder” (“decidirá Elba Esther”: y en efecto ella operó los votos para Calderón que le dieron la presidencia por un margen casi inexistente), la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y en análisis posteriores a la represión como “Los peatones de la historia”.

En la represión en Atenco, Fox se vengó de los campesinos por haber parado su proyecto de Aeropuerto; Peña mostró que era candidateable, pues no le temblaba la mano para reprimir; y Obrador y su PRD mostraron su vocación de no meterse en nada que los sacara de su ruta electoral, y menos si se trataba del EZLN.

Luis Hernández Navarro nos ha mostrado que el PRI, el PAN (negociador: Calderón) y el PRD (negociadores: Muñoz Ledo y AMLO) no solo se pusieron de acuerdo para traicionar los acuerdos de San Andrés (con sus bancadas encabezadas por Bartlett, del PRI, Fernández de Cevallos del PAN y Jesús Ortega del PRD), sino que, para quitarle a los zapatistas la bandera de la reforma de Estado democrática, se pusieron de acuerdo para abrir el poder a otros partidos (Cárdenas jefe del gobierno del DF por el PRD y luego Obrador también, Fox en la presidencia en el 2000). Hoy, con sus contrarreformas electorales, el obradorismo traiciona a sus compañeros de traición y acomoda las reglas del juego para gobernar por sexenios sin riesgo de alternancia.

Actores solidarios como el Centro Prodh, que acompañó a las compañeras de la Otra Campaña que denunciaron tortura sexual y llegó con el caso a la CoIDH, junto con otras organizaciones de derechos humanos, han sido calumniados por los gobiernos obradoristas, y ahora limitados eh el tipo de donaciones y financiamientos que pueden recibir.

Bajo los gobiernos de Morena, la contrainsurgencia antizapatista en Chiapas no amaina e incluso arrecia, como si gobernara Zedillo; y megaproyectos iguales o peores que el aeropuerto de Texcoco devastan a la naturaleza y a las comunidades, como el tren mal llamado “Maya”, el Corredor del Istmo, el Proyecto Integral Morelos (que ha costado vidas, como en el caso del asesinato impune de compañero Samir Flores), la refinería de Dos Bocas (y los derrames de Pemex, un ecocidio marino) o el nuevo fracking amigable con los gobiernos el bienestar. De la militarización, ya para qué hablamos.

La misma presidenta que no se reúne con las madres buscadoras de hijas e hijos desaparecidos sí se sienta a la mesa con BlackRock. La foto de Sheinbaum con esos operadores de capitales buitres es un retrato nítido, una radiografía de la economía política del obradorismo. Como dijo acertadamente el compañero Pedro Uk: el mismo despotismo con el que Trump le impone políticas a México y a otros países es el tipo de despotismo con el que los gobiernos de Morena imponen sus megaproyectos a los pueblos originarios.

Mientras la oligarquía nacional destruye el país con megaproyectos, violencia, crimen, desplazamientos, migración y al tiempo que la guerra de Calderón continúa en los hechos con más de 130 mil compatriotas desaparecidos, los zapatistas y compañeros del CNI resisten y defienden a la Madre Tierra, en uno de los países más violentos el mundo contra defensores del territorio, defensores de derechos humanos, periodistas y personas mexicanas y migrantes en general. Pero, eso sí, tendremos un mundial de futbol, como ejercicio de lavado de imagen deportivo, en el México campeón mundial en desapariciones. Algunas madres buscadoras protestan e incluso llamaron a boicotear el mundial, pero casi nadie se hace eco de ese tipo de propuestas.

Es decir, la violencia de Estado que se desplegó con odio en Atenco no solamente no remitió, sino que se ha extendido por el país y por sexenios de gobiernos panistas, priistas y morenistas. Han inhibido la organización autónoma abajo, aislando lo más posible a los rebeldes que pudieran servir de ejemplo como el EZLN y el CNI, y siguen con los megaproyectos capitalistas de muerte (hoy con nombres como “Sembrando Vida”) solo que ahora lo hacen con la demagogia de hablar en nombre del pueblo y del falso bienestar.

Los zapatistas no se equivocaron en sus críticas en 2006 y hasta la fecha: de allá arriba no podemos esperar nada, solamente queda organizarnos. ¿Ya lo comprendimos en estos 20 años de violencia contra los de abajo, desde el mayo rojo en Atenco al México de la violencia como pan cotidiano?

Muchos compañeros sueñan con el común zapatista (mientras los zapatistas se organizan con hermanos no zapatistas también), pero a nosotros esos zapatos aún nos quedan muy grandes: tendríamos que comenzar por la organización, y por dejar de idealizar los grupos pequeños que no apoyan más que a su más cercano círculo de afinidades.

Lo único positivo de estos 20 años es que se ha roto el velo del engaño: hoy, esperar algo de una supuesta izquierda o de una retrograda derecha allá arriba es autoengañarse. Falta la parte positiva: una utopía de abajo que nos convoque y reúna. Los pueblos indígenas están más organizados y tienen un horizonte propio. Falta construir uno amplio y generoso que reúna a todos los mexicanos que estamos en la mira de la violencia capitalista, sea en su versión neoliberal o en el actual, como lo llamó Pablo González Casanova: neoliberalismo populista.

Por la memoria de nuestros compañeros, estamos obligados a vencer, a cambiar el mundo.

Texto leído en la jornada A 20 años, Crimen de Estado, Memoria y justicia, organizado por Sobrevivientes del Atencazo, el viernes 24 de abril de 2026, en el auditorio Ho Chi Minh de la Facultad de Economía, UNAM.

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