En estos días, el desarrollo de la inteligencia artificial tiene asombrados a propios y extraños. Alrededor de ella se acumulan expectativas, temores y esperanzas que tienen mucho que ver con la expectativa de futuro que tiene cada sector. Sus desarrolladores, y las empresas que esperan beneficiarse de su uso y de las rentas por su comercialización, esperan grandes prodigios. Por el contrario, los sectores que de suyo comienzan a ser excluidos y pueden temer aún más exclusión, son asustados con distopías terroríficas. Trataremos de hacer un análisis frío y basado en hechos y tendencias probables, libres lo más posible de temores o ilusiones excesivas.
Escenario y eventos
Actualmente, empresas de diferentes países en el mundo como China, los Estados Unidos, Rusia y países de la Unión Europea, principalmente, desarrollan sus propias IA a marchas forzadas, bajo la presión de una carrera que se parece mucho a la carrera armamentista o a la carrera espacial entre los Estados Unidos y la URSS durante la guerra fría.
Las expectativas son muy altas, porque parecen creer que el ganador se lo lleva todo, que quien primero desarrolle una IA general habrá encontrado una suerte de solvente universal para todos los problemas que la humanidad no ha podido resolver con su sola y muy impresionante inteligencia natural, individual y colectiva, e incluso social y acumulada históricamente. El supuesto es que todo en el universo se puede reducir a información (datos) y que quien sea capaz de manejar toda la información posible podrá producir conocimientos y pensar la solución de prácticamente cualquier problema. Esto supone una ecuación en cadena que reduce saber a información, información a datos, datos a solución de problemas, resolución de problemas a inteligencia e inteligencia a pensamiento e incluso a conciencia o autoconciencia. Si estas ecuaciones son falsas, las expectativas que se depositan en la IA general (e incluso en una IA sujeto omnisciente, al final de la narrativa) se verán frustradas.
Actores e intereses
Los actores que se disputan el premio en este campo de lucha son capitales o empresas capitalistas haciendo lo que mejor saben hacer, tratar de dejar atrás y quebrar a sus competidores, en el darwinismo capitalista que Karl Marx describió en el siglo XIX. Lo asombroso es que después de tanta supuesta globalización, estas empresas en cierta forma representan (a al menos eso fingen) a sus naciones estado, en parte porque la iniciativa privada no suele ser quien financia la innovación tecnológica, sino los gobiernos, con dinero de los impuestos, aunque suelen luego dejar la tecnología desarrollada en manos privadas, pero incluso si algunas empresas sí están invirtiendo, son los Estados y especialmente las potencias y expotencias las que soportan a actores como NVIDIA y Microsoft de los Estados Unidos; Baidu y Alibaba de China; Yandex y Sberbank de Rusia; MIstral AI de Francia y Aleph Alpha de Alemania, entre muchas otras que van desde las desarrolladoras de IA hasta las que producen microchips u otros componentes.
Como todas las empresas capitalistas, compiten por monopolizar o al menos dominar y hegemonizar mercados, pero también por dominación política: parece que fue el mandatario ruso Vladimir Putin quien dijo que quien desarrolle primero la IA general dominará el mundo, y lo haya dicho él o quien sea: todos parecen creer lo mismo y compiten por el santo grial hipertecnológico.
Relación de fuerzas
Como este juego parece ser una competencia de suma cero, donde solamente hay un ganador y todos los demás serán derrotados, excepto los países de la Unión Europea, que eventualmente podrían competir como grupo, todos compiten por una potencia que quiere mantenerse o ascender, según el caso. Los observadores ven a China como el más probable ganador y no conceden que pueda llegar primero otro competidor.
Estructura vs. coyuntura
Lo estructural de esta competencia feroz y muy acelerada es el lento ocaso de la potencia estadounidense como hegemón y el vertiginoso ascenso de China. La industrialización y el desarrollo chino están desplazando el centro de producción capitalista mundial a Oriente; y Estados Unidos trata de defender su primacía haciendo uso de su poder militar (en Venezuela, en Irán y en Palestina, con ayuda de su aliado Israel, por ejemplo).
Precisamente todos corren tras la liebre de la IA general porque esperan que quien la desarrolle primero superará con su ayuda a sus rivales en producción industrial y también en el terreno militar: la pretenden usar como máquina autómata que desplace a muchas personas del mercado laboral pero también como arma, estratega y elemento de superioridad en la guerra.
Desenlace
El desenlace más probable es que la IA decepcione a todos: no será una panacea ni carta segura de triunfo y hegemonía. Cada país o potencia o aspirante a ella desarrollará la IA más eficiente posible y le ayudará mucho para desplazar a seres humanos de puestos laborales y como arma de guerra. Sin embargo, el declive de los Estados Unidos seguirá tal como el ascenso de China, y no por la IA sino por la mano de obra disciplinada y numerosa, así como por la industrialización productiva china que rebasará al capitalismo rentista financiarizado de Washington, cada vez más dependiente de lo militar y con menos bases en productividad real de los estadounidenses.
La IA no podrá pensar ni menos llegar a ser un sujeto consciente, pero sí será una herramienta poderosa y sofisticada que ayudará a las empresas capitalistas a subordinar y explotar más a la clase trabajadora, a excluir a muchos y a reprimir o eliminar a los rebeldes. Habrá mucha superstición, porque el fetichismo de la mercancía derivará en tecnolatría: adoración de la IA como falso sujeto. Muchas personas desarrollarán menos ciertos aspectos de su inteligencia porque se sujetarán a la comodidad de usar la prótesis para pensar, escribir y aprender “por ellos”.
Lo más interesante será: ¿cuáles serán las formas de resistencia que desarrollarán los seres humanos para no meramente sobrevivir, sino para preservar una vida humana digna de ese nombre en medio del cambio climático, la extinción masiva de especies, el agotamiento de fuentes de energía y escasez de recursos naturales no renovables y aun vitales como agua, suelo cultivable y alimentos? ¿La rivalidad entre la compleja inteligencia y el pensamiento humano y una hipertrofiada tecnología inclinará la balanza siempre de un solo lado o los subalternos aprenderán a usar las debilidades en la apuesta por la high tec o a expropiar esas herramientas para usarlas como armas contrahegemónicas?
En todo caso, serán tiempos interesantes.
