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¿Qué nos dejó la visita de La Caravana 43?

La visita de La Caravana 43 a Los Ángeles

¿Qué nos dejó la visita de La Caravana 43?

Por Luis Villanueva

Las respuestas a esa pregunta de seguro serán de lo más variadas porque las enseñanzas son también de varios niveles. Estos son algunas de las más importantes:

La solidaridad. La comunidad en la que viven los estudiantes de Ánimo Leadership, uno de los lugares en los que se presentó la caravana de padres, madres, estudiantes y familiares de los estudiantes que masacró el gobierno de México, es una de las más pobres del sur de California y sin embargo su pobreza no fue un obstáculo para que como comunidad, (y aquí incluyo a la escuela hermana de Inglewood), hiciera una de las aportaciones económicas más cuantiosas de toda el área de Los Ángeles. Y esa no es necesariamente la contribución más importante. Necesitábamos que se presentaran adultos y estudiantes a recibir la caravana y tuvimos la presencia de una comitiva numerosa en el aeropuerto para recibirlos. Fue necesario hacer mantas grandes tanto para el recibimiento como para la gran marcha del día 21 de marzo y también se hicieron todas las que se requerían sin que nadie pidiera dinero o presentara una excusa para no hacerlo. Había que distribuir volantes en escuelas, comercios, en la calle y en los centros de trabajo y las y los estudiantes (muchas y muchos sin ser parte de MEChA), se fueron a recorrer el vecindario para informar a la comunidad del gran evento que se avecinaba. El día que estuvo con nosotros la caravana, se tuvo que alimentar a nuestros visitantes y las madres de familia, sin importar su condición económica, generosamente aportaron tiempo dinero y esfuerzo para atender de la mejor manera posible a los invitados. Por si no fuera suficiente, todavía en la noche se le dio de cenar al comité coordinador y tantos las madres que trajeron comida como la que ofreció su casa lo hicieron con la mejor tradición de hospitalidad que caracteriza a nuestra comunidad latinoamericana. Ese gesto de hermandad claramente mostrado y demostrado nos ha permitido sacar lo mejor de nosotros y sigue presente y mientras no sean devueltos los 43 con vida. No vamos a dejar solos a nuestros hermanas y hermanos de Ayotzinapa.

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El poder comunitario. No es necesario tener dinero ni ser parte de una organización o de un partido político para realizar un evento de participación ciudadana. Todas las actividades que se llegaron a cabo, fueron posibles porque todos los participantes pusieron en primer lugar los intereses de la comunidad. Y por participantes nos referimos a maestras y maestros, jóvenes estudiantes y madres y padres de familia de la comunidad de Lennox. La unidad y la convergencia de ideas impulsaron la participación de todas y todos y tal disciplina transformó pequeños actos individuales en un gran acto de poder comunitario. Es éxito logrado con la vista de La Caravana 43 es una pequeña muestra del poder de la comunidad. Pero en esa pequeñez se vislumbra tenuemente el potencial de un proyecto de dimensiones políticas enormes: las asambleas populares. Si la visita de la caravana pudo unir a la comunidad, ¿cuántas metas podremos lograr si las transformamos en asambleas populares? Y hay que precisar algo, las asambleas las necesitamos tanto en México como en EEUU.

La concientización. La tragedia de Ayotzinapa que terminó con la desaparición de 43 estudiantes parecía tan lejana a nuestra comunidad como todas las otras masacres que han sucedido frecuentemente en México. Todo cambió cuando se tomó la decisión de no ignorarla y de convertirla en una bandera de lucha por la justicia. Y la respuesta de las y los estudiantes de las preparatorias de Ánimo e Inglewood ante este reto fue maravillosa. Participaron solidariamente en varias protestas en Los Ángeles, asistieron a dar un taller informativo en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA). E hicieron todo esto mientras educaban a sus propias familias y compañeros de escuela y por si fuera poco, seguían trabajando duro en sus clases. Esta experiencia ha sido como un parteaguas para muchos de ellos y ellas. De aquí en adelante ya no verán el mundo y la sociedad de la misma manera porque han conocido la naturaleza inhumana de los gobiernos de EEUU y México y de paso han podido comprender mejor la esencia del capitalismo en su nueva modalidad: el neoliberalismo. Aunque la caravana ya pasó por nuestra comunidad, nuestro trabajo apenas empieza. Dentro de las exigencias familiares, laborales, educativas, etcétera que todos enfrentamos, sabemos que tenemos que continuar nuestro trabajo en la comunidad, ya sea por los desaparecidos de Ayotzinapa, la brutalidad policíaca en EEUU o, para decirlo de forma más clara, por cualquier injusticia que se presente en cualquier parte del mundo.

La acción. Siempre ha existido gente que, aún con las mejores intenciones, se dedica a sugerir y criticar lo que otros hacen pero no llevan sus ideas a la acción. Con la influencia de la tecnología a niveles nunca antes vistos, esas personas, llamados “revolucionarios de café”, son ahora más abundantes. Tenemos que recordarles, parafraseando a un gran líder revolucionario, que ya se ha dedicado mucho tiempo a interpretar el mundo, que de lo que se trata ahora es de transformarlo y para lograrlo se tiene que salir de la casa y del café e ir a la calle, a la comunidad, a la escuela, a la fábrica y al campo.  Exactamente como lo hacen maestras y maestros normalistas rurales en México. Así como lo estaban haciendo los 43 de Ayotzinapa y que les costó su libertad. Ahora pues, tenemos que pasar de la teoría a la práctica sobre todo si queremos seguir el ejemplo de los normalistas.

Seguramente podríamos encontrar otras enseñanzas más pero creemos que las antes mencionadas son suficientes tanto para replicarlas en cualquier otro lugar como para generar una conversación que nos lleve a mejores formas de organización y de lucha populares.

¡Todo al poder al pueblo!

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