Edipo es un héroe de tragedia porque sobre él se cierne la fatalidad: se arranca los ojos para “no ver”, porque su alma ha sido puesta lúcidamente ante el horror. Los dioses lo habían cegado ya antes para que huyendo de su destino lo cumpliera, y aunque no sabía lo que hacía, cometió parricidio e incesto.
En la era de la posverdad, cuando las opiniones y pareceres no tienen ancla en la verdad fáctica, la fatalidad no es resultado de un destino marcado por los dioses, sino el hundimiento de cada ego en su narcisismo.
En Las razones menos pensadas, novela de Malú Huacuja del Toro, ocurre lo que pensaba Hannah Arendt, más allá de la voluntad de autoengañarse, están los obstinados hechos, persistentes.
Nadie reparó en que todos los posteos en redes digitales, e incluso los correos y mensajes personales, “privados”, “inbox”, vamos, incluso los borradores descartados, han quedado, indelebles, en la nube.
Bastaba una App (Yocastlé: condensación de Yocasta y Nestlé) para poder acceder a una búsqueda Stupigesta (obviamente una condensación de estupidez y gestación) que permite investigar los motivos que los progenitores tuvieron para engendrar y traer al mundo una nueva vida.
Y aquí más que Edipo, parece la caja de Pandora: quien se crea un hijo o hija deseada descubre que las razones por las cuales fue engendrado o engendrada son las más estúpidas, envidia, avaricia, o algún otro de los pecados capitales.
Esta distopía está ubicada en un no tan lejano futuro, donde los políticos y gobernantes son corruptos, populistas, hipócritas, mentirosos y tienen equipos de producción mediática que les quieren hacer mitos, leyendas que los endiosen.
“Como cualquier otro político, Rincón había llegado al poder por sus extraordinarias virtudes camaleónicas, vendiéndose a todos los gustos, para terminar imponiendo el culto a su personalidad mediante estructuras militarizadas, igual que los demás, primero, como todo un demócrata de avanzada y, después, como gran aliado del sector retrógrada de la iglesia católica mexicana y de los evangélicos”.
Lo que tiene Malú Huacuja del Toro de propositivo, en medio de un mundo de ficción tan pesadamente parecido al real: devastación ambiental, política venal, personalidades que hacen de la estupidez un modo de vida… es que siempre alguien puede rebelarse, negarse a cumplir su rol en la farsa.
Como el átomo en la descripción epicúrea del origen de la libertad, el determinismo se rompe cuando alguien incumple, desobedece, traiciona el pacto de complicidad, entonces los hechos y la verdad fáctica pueden aflorar y desmentir a los autores del engaño para las masas.
En Infocracia, Byung-Chul Han dice que la era de la verdad fue breve y que la obstinación de los hechos ya no existe en el régimen infocrático de la digitalidad. Sin embargo, Malú Huacuja del Toro, no solamente en ésta sino en varias de sus novelas, apuesta narrativamente por una verdad que desenmascara los fraudes y sobre todo apuesta a personajes que, al revés de Edipo, en lugar de arrancarse los ojos, los recuperan: ven la verdad de frente, eligen ver y actuar en consecuencia, desobedecer, arriesgarse a ser el átomo que no sigue la línea recta, sino que mete el desorden, que pone el caos de la libertad donde los demás ponían el conformismo.
Y una hipótesis que también propone Malú Huacuja del Toro es que quienes se atreven a ponerse los ojos y emprender un camino libre son aquellos hijos a quienes sus madres y sus padres (biológicos o adoptivos) sí los amaron, los desearon, los trajeron al mundo como esperanza de un mundo otro, una vida nueva. Como el principio de natalidad de Hannah Arendt o el mesianismo colectivo y generacional de Walter Benjamin, en quienes nacen del amor, nace la rebeldía de intentar nuevos caminos para el destino humano: al menos un tipo humano que no renuncia a pensar.
Malú Huacuja del Toro, Las razones menos pensadas, Malpaso Holdings, Jus Libreros y Editores, México, 2025.
