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Escribo no sólo a Oventic, sino al EZLN y sus 5 Caracoles

Escribo no solo a Oventicpor Argelia Guerrero

Leí el desafortunado texto que el tal Hirsch escribió sobre su “experiencia” en Oventic. Digo desafortunado porque evidencia principalmente la poca atención con la que lee textos y comunicados, pues muchas de sus inquietudes no habrían sido tales de haber prestado la atención debida a los comunicados referentes al Festival de las Resistencias y Rebeldías.

Las aclaraciones y precisiones que a propósito de ese artículo hizo Sergio Rodríguez Lascano me habrían parecido innecesarias, sobre todo para los que tuvimos la fortuna de vivir la experiencia personalmente; sin embargo, después de la lectura (la mía sí atenta y cuidadosa) del berrinche escrito, entendí la pertinencia de dichas aclaraciones que a propósito se hicieron. Aclaraciones que evidenciaron las lecturas descuidadas y al aventón y que de no ser así,habrían encontrado casi todas las respuestas a sus inquietudes en los propios comunicados previos al festival. A pesar de las aclaraciones, no quiero dejar de describir MI experiencia, porque no sólo quiero y considero mi deber escribirle a Oventic; sino que quiero y debo escribir a todos y todas aquellos y aquellas que en aquellas tierras nos han recibido en más de una ocasión con la mirada y el oído abiertos:

Desde la llegada al Caracol II se encontraban los compas organizando el tránsito y cuidando que nuestro paso a mitad de carretera no nos provocara ningún accidente. Bullicio y mucha gente fue lo primero que vi al llegar. Todos queríamos entrar, algunos de nosotros ya conocemos el protocolo y aprovechamos el tiempo para reencontrarnos o conocernos. Por el contrario, a muchos otros lo que nos importa es la premura por entrar valiéndonos madres la seguridad de los compañeros que dicho sea de paso, son un ejército en resistencia, y que no hace pocos meses recibieron una de las agresiones más violentas, pero no por ello la única contra su proceso de autonomía; claro los inconscientes son ellos por hacernos esperar y no nosotros por querer entrar antes que nadie y sin esperar…

Fui en compañía de mi padre quien estaba tan emocionado que saludaba a cuanto zapatista se le cruzaba enfrente, SIEMPRE OBTUVO RESPUESTA. “Buenas tardes, compañeros” fueron las primeras palabras que escuché al entrar al caracol, y después miré a mi alrededor a varios de ellos ofreciendo ayuda para cargar bolsas, mochilas, maletas, casas de campaña o bolsas de dormir.

Yo casi de inmediato fui adoptada por un niño zapatista de 8 años que fue mi compañía desde entonces y hasta el final de mi estancia ahí; sin más interés que el de acompañarnos. Conocí a sus padres, algunos hermanos, me platicó de su comunidad, lo que le gusta, lo que no, lo que come y lo que no le gusta comer. Asistimos a una piñata organizada por algunos compañeros asistentes, me compartió algunos dulces de su botín. Sobra hablar de la comparación de precios entre la ciudad monstruo donde habito y los puestecillos que estaban por allá, pero hay a quienes les pareció relevante destacar el tema de la comida y sus precios; en fin…

Durante el baile compartimos risas y pasos; y sobre todo el ritmo, que como sabemos es dictado por el corazón; así que no me acuso cursi si digo que nos conocimos y compartimos a través del mero corazón. Vi las innumerables rondas alrededor de la pista que se hicieron entre compas de fuera y zapatistas. Bailamos con más de uno y una de ellos y ellas. En algún momento di un paseo y un compa se me acercó, me preguntó de dónde venía, si había asistido a todo el festival, cómo era mi lucha, de qué trabajaba y finalmente qué pensaba de la lucha zapatista; entré en conflicto: “vine a escuchar” me dije; pero pues ya que me preguntan pues que me suelto a plática y plática con el compañero: su oído atento y muchas preguntas fue lo que encontré; jamás ausencia o desinterés. En pocos lugares como en Oventic me siento en casa. Después de la ceremonia, que como bien aclara Sergio, NO duró horas y en el que los únicos que nos sentamos fuimos los de la sociedad civil que ahí estábamos (porque no noté en el artículo ni tantita preocupación por los de bases de apoyo que ahí estaban y que también estuvieron de pie como de por sí hacen); gritamos, nos abrazamos y festejamos; después del abrazo a mi papá recibí el de un compa que tocó mi hombro, me dio un abrazo y me dijo “felicidades, compañera”; fue el primero de muchos y muchas. Todo vi y sentí, menos miradas ausentes o vacías.

Confieso que no resistí toda la noche de baile y me fui a dormir en la madrugada. Rumbo a mi casa de campaña una mujer zapatista alumbró mis pasos: “Descansa, compañera” escuché antes de entrar a dormir.

Por la mañana salí a lavar mis dientes y unas jovencitas que lavaban sus pies se hicieron a un lado para que yo pudiera hacer uso de la llave con toda libertad, “muchas gracias” les dije, la repuesta fue su sonrisa callada, se requiere una insensibilidad absoluta o una mente MUY cerrada para pensar que su silencio fue falta de respuesta. Ahora veo que no todos tenemos la capacidad de leer miradas, me siento afortunada de saber hacerlo. Durante el juego de basquetbol comentaba emocionada las jugadas y siempre encontré interlocutores e interlocutoras (menos escandalosos/as que yo, eso era evidente). Mi padre se cayó en medio del lodo y de inmediato fue auxiliado por más de un zapatista, “¿estás bien, compañero?”. Mi padre se levantó y dijo estar bien, después de eso él y los compas reían con complicidad, mi padre les decía “me tiraron”, ellos reían. Mucha mala leche o muy malas relaciones interpersonales se deben tener para considerar eso como burla o escarnio.

La lluvia no cesaba, de pronto una chica muy atareada en acarrear mochilas, bolsas y más, me encargó a su bebé en carreola en medio del caracol en plena lluvia, yo me sentí halagada por la confianza; de inmediato y de nuevo, más de un compa se acercó a mí para decirme “tráelo pa´cá”, cargaron la carreola y nos llevaron al resguardo de la lluvia.

No muy bien entiendo cuando el autor dice que sólo en Oventic se sintió un número. A mí me pasó lo contrario: no sólo ahí; sino hace ya algunos meses, al asistir a la escuelita; en medio del bullicio y la neurosis que ocasiona recibir a tanta gente en caracol Morelia, la compañera que me hizo el registro me preguntó a qué me dedico y al responder que bailarina la siguiente pregunta fue “¿y qué hace una bailarina?” Exactamente la misma pregunta respondí en mi registro de entrada a Oventic. Nada más alejado de sentirme un número.

Podría seguir enumerando, como sugiere Sergio, las anécdotas que solamente en este viaje tuve en Oventic; podría describir cada mirada que recibí allá.

Leamos, leamos con atención antes de emitir juicios fáciles e irresponsables; puesto que lo que sucede en los universos mentales no siempre concuerda con la realidad.

Seamos honestos y reconozcamos que nuestra incomodidad con la diferencia es nuestro conflicto; pero eso no nos permite de ningún modo juzgar desde nuestra propia limitación perceptiva.

Yo aquí vierto mi experiencia, en ella se hallan muchas, aunque no todas las razones por las que continúo caminando y sumando mis pasos a los de la gente digna del EZLN.

No sólo consideré mi gusto, sino mi DEBER escribir esto para agradecer infinitamente a los compas del caracol II.Y no sólo a ellos y ellas, sino a los compañeros y compañeras de los 5 caracoles y del CNI que hicieron el enorme esfuerzo de levantar todo lo necesario para nuestra estancia y guardar el posterior silencio que ahora veo, incomoda a algunos. Confío, compas, que en su discreta pero atenta presencia, hayan visto y sentido que hay más de un corazón que verdaderamente late con ustedes sin emitir juicios desinformados.

GRACIAS XOCHICUAUTLA

GRACIAS AMILCINGO

GRACIAS MONCLOVA

GRACIAS OVENTIC

GRACIAS CNI

GRACIAS AYOTZINAPA

GRACIAS EZLN

Millones de gracias por su paciencia, su oído, su mirada, sus abrazos y el recibimiento cálido para nosotros y nosotras que somos… pues muy otros y otras

A.G

 

 

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